Alone in the Bar
Desastre Pop
Entrevista a Satán
Categorías: Mundo Diverso

Hola. Tras muchas gestiones sucias y complejas les traigo una interviú reveladora. No hagan mucho caso al artículo porque el interlocutor es el príncipe de la mentira. De paso entrenamos el escepticismo que es cosa útil en época preelectoral. El maligno ha tenido a bien conceder unas palabras para Alone y así nos sumamos a la larga tradición de entrevistas imposibles que tanto me gustan. Sin que sirva de precedente, no hay imágenes en el post. Un hecho insólito en los años que Alone lleva en activo. Mi interlocutor no autorizó ser fotografiado y he decidido dejar la entrada sin adornos que compensen lo anodino del texto.

Me cita en un hotel del centro con fachada aparente. Una vez dentro, el inmueble desmerece la imagen exterior. El mobiliario debió ser coqueto en su época pero los años le han sentado peor que a Sinead O’connor y Axl Rose juntos. Los colores de todo han perdido brillo igual que las fotos comidas por el sol de los escaparates. Pregunto en recepción y una mujer enorme de pelo frito me mira incómoda. Está ocupadísima trazando un plan para salvar la humanidad y la entretengo. Por allí -señala apartando la vista de mi cara y volviendo a sus gestiones inaplazables- ¿Y después? me atrevo a molestar con el hilillo de voz de un muchacho que salió en OT y cantaba como un personaje de Los Simpsons. Un loco que fingía ser Michael Jackson para llamar la atención… ¡Jefferson! se llamaba, me acabo de acordar. Como el tercer presidente de Estados Unidos y los Jefferson Airplane. Son reglas mnemotécnicas para recuperar datos con que epatar. De pronto alguien pregunta en cualquier sitio: “¿cómo se llamaba el de OT 2011 que cantaba como si no pudiera hacer fuerza porque le había sentado mal la comida? Y te anticipas a la muchedumbre y respondes: ¡Jefferson! La persona que pregunta no te olvida jamás. En contra de lo que pueda parecer, pasa. Tres veces. Por eso me acuerdo. La mujer de pelo frito no está dispuesta a dedicarme más esfuerzo que señalar un pasillo. Hacia allí me dirijo. Si he podido descifrar los parquímetros de mi calle podré con esto -me animo-.

Lo cierto es que no necesito más. Al mismo pisar la moqueta del pasaje empiezo a escuchar una musiquilla que estimula de forma involuntaria mi aparato locomotor.  “A-E-I-O-U ipselon. A-E-I-O-U ipselon“. Me sincronizo con el ritmo de forma exacta y cada paso es un golpe de bombo. “A-E-I-O-U ipselon, Filho maravilha, nós gostamos de você. Te-te-te-te-te-te-te-te“. Es el hilo musical del ascensor que en mitad del pasillo espera con las puertas abiertas la visita de un huésped incauto. “Eeeeeeeh meu amigo Charlie. Uooh oh oh“. Tengo que bajarme esta canción en cuanto llegue a casa -cavilo mientras aporreo una puerta sin ser consciente de hacerlo-. Adelante -dicen del otro lado-.

Cierro la puerta tras de mí, la música cesa y recupero el gobierno de las piernas. La habitación está oscura. Una figura indefinida me saluda con la mano y el gesto sin que pueda adivinar edad o género. Pulso rec y tomo asiento en el sillón que señala un dedo índice larguísimo.

-Me gustaría saber como dirigirme a usted, ¿Satanás, Belcebú, Don Diablo?

-Llámame Lucy.

-De Lucifer supongo.

-No, de Luciana. Me cambié de sexo en el siglo V.

-¿Puede contarnos algo más al respecto? -acierto a decir entre el estupor y la curiosidad-

-Podría pero no apetece. Digamos que la cirugía del medievo no deja buen recuerdo.

-En tal caso ¿se puede afirmar que es usted una mujer?

-Creo que sí. Cuando me quitan la razón lloro muchísimo.

-Me está dejando a cuadros.

-Suele pasar. Aunque eso es porque no se fijan. Ya en el tarot de Marsella me pintaban con tetas.

-Y rabo.

-No me había operado del todo por entonces. Pero vamos que no se fijan. Y su cultura patriarcal tampoco ayuda.

-El hecho de que esté sucediendo esta entrevista parece contradecir su mejor recurso, aquello que dijo Baudelaire acerca de usted… -Lucy interrumpe nerviosa-

-No hagas mucho preámbulo que a mí me gustan las cosas rápidas. Pim pam pregunta, pim pam respuesta. ¿Qué han dicho de mí?

-Que dedica mucho esfuerzo para convencernos de que no existe.

-¡Qué idiotez! Antes era esquiva y ahora soy más accesible. Cierto. Pero nunca me he escondido.

Lucy hace un gesto con la mano para indicarme que interrumpa las preguntas y aprovecha para dar un trago al gin tonic con cardamomo que descansa sobre una mesita estilo puticlub.

-¡Aaaah. La bebida del diablo! -susurra mientras alza el vaso y las cejas-. ¿Verdad que no existe otra palabra más cursi que cardamomo? -pregunta Lucy mirando el vaso-.

-No lo sé. Puede ser. Si no le importa sigo con la entrevista que me disperso con facilidad.

-Claro, disculpa. Yo también tengo déficit de atención

-He observado que su verbo es un tanto machista. ¿Qué opina del sexismo en el lenguaje?

-¿Eh?

-Usted se considera mujer y sin embargo se refiere a sí misma como “el Diablo”. ¿No cree que le está haciendo un flaco favor a la visibilidad femenina?

-Ah no, en absoluto. Te confundes -recrimina cerando los ojos y elevando la barbilla-. Es que diabla suena a insulto de telenovela. Como mugrosa o maldita lisiada.

-Cierto.

-Estoy muy involucrada con el tema del sexismo lingüístico. He escrito varias guías de estilo para organismos oficiales.

-Nos puede destacar alguna recomendación para no caer en errores ¿Qué formas de expresión verbal son más dañinas en su opinión?

-Aquello de “las y los”, “niños y niñas”, “miembros y miembras”… al final no sirve para mucho porque es un lenguaje institucional que no tiene reflejo en el día a día. Nadie habla así con los amigos. Ni en su casa. El peligro está en las expresiones populares y los refranillos.

-¿Ejemplos?

-Muchos. Cuando queremos transmitir el rechazo que produce un desorden excesivo decimos “esto es un desmadre” ¿verdad?

-Sí.

-Pues no. Hay que decir “es un desmadre ¡y un despadre!”. Porque damos a entender que el desorden se debe a que no hay una madre para recoger las cosas, adjudicando la obligatoriedad de esa tarea a la parte femenina de forma automática y taxativa. “Desmadre” es una palabra que justifica y sustenta dañinos estereotipos de género.

-Ajá.

-“Despadre” recuerda la palabra.

-¿Algo más?

-Habría que desterrar  la expresión “esto vale un huevo” y sustituirla definitivamente por “vale un riñón” o “un ojo de la cara”. En su defecto, a lo del huevo habría que añadir  “y un Jimmy Choo”.

-Tiene mucho sentido, sí.

-Para terminar con el tema, que estoy muy metida en ello ya te digo, comentar otras frases que decimos con inocencia y encierran mucho dolor: “margaritas a los cerdos… ¡y a las cerdas!”. “Eres más puta que María Martillo”, a lo que hay que responder: “¡pero menos que el chapero de tu padre!”.

-Estupendo. Trataré de seguir sus recomendaciones aunque no es fácil.

-Lo sé. Lo sé.

-¿Cuál es la banda sonora del infierno? Dicho de otro modo ¿cuál es el músico que ocupa más espacio en su disco duro?

-Ya no uso discos duros. Se jodían del calor y la humedad que daba miedo. Harta de hacer copias de seguridad me pasé a la nube -esboza una sonrisa socarrona consciente de la ironía que supone hablar de fenómenos celestes siendo quien es-. Con el Spotify voy que chuto.

-¿Y quién es el nº 1 en su playlist?

-Soy muy de Ismael Serrano y de Rozalén.

-Curioso.

-¿Por?

-Uno espera que el diablo escuche black metal… o punk si me apura.

-La música punk es lo más feo que conozco. La inventó un mono con dos palos y te lo cuento porque estaba allí cuando pasó. Un mono de Gibraltar concretamente fue. Luego se coló en un ferry que iba a Manchester.

-¿Conoce Gibraltar?

-Y la Manga. Voy mucho. Respecto al metal, así en general, te diré que me parece una música muy hipócrita. Casi todos los intérpretes son maricones poniendo voz de garrulo para disimular.

-¿Qué tienen que disimular? ¿Eres homófoba Lucy?

-Noooo -contesta echándose hacia atrás y frunciendo el ceño en un gesto de ostentosa contrariedad-. Si soy el diablo muchacho. Me encanta dar por culo.

-Por su respuesta anterior podría parecerlo.

-Y Cristina Tárrega podría parecer un batracio y sin embargo es valenciana.

-Touché -Lucy abre los ojos de forma exagerada usando toda la elasticidad de sus párpados rosas y me dedica una mirada que significa “¿ves qué lista soy?”.

Aprovecho el momento distendido para pedirle unas fotos con que ilustrar la entrada pero Lucy se niega entre molesta y paciente.

-Me gustaría pero la cadena no deja que me haga fotos fuera del plató. Disculpa.

-¿Qué plató? -pienso sin atreverme a preguntar-. No importa, ya busco alguna en Google.

-Mejor.

-¿Cuál es la estación del año favorita del diablo?

-Me haces preguntas interesantes o me largo, que pareces AR entrevistando a Rajoy. He quedado con Netanyahu para echar un dominó y voy tarde.

-Disculpe pero siendo usted el demonio cualquier opinión que transmita tiene relevancia.

-Ahí me has dado ¿ves? La vanidad me puede. Te contesto entonces: no me gusta ninguna. El verano es hortera. La primavera cursi. El otoño un imán para lánguidos y mustios. El invierno… el invierno es la que menos asco me da.

-¿Alguna razón además del descarte?

-Me puedo poner una capa preciosa de terciopelo verde que disimula mucho las lorzas. Y el turrón blando.

-¿Que opina el diablo de las redes sociales?

-Me encantan. Son invento mío.

-¿En serio?

-Totalmente. He sido y soy muchas cosas pero fundamentalmente me considero publicista. Antes, los estudios de mercado eran carísimos. Limitados. Lentos. Me inventé las redes sociales para que la gente nos diga todo lo que necesitamos saber. Gratis. Ahora vendemos más y mejor.

-¿Las usa?

-¿No te estoy diciendo que me encantan? Tengo 3141 perfiles entre todas. Estoy hasta en Google+ que no queda nadie.

-¿Utiliza su nombre real?

-Evidentemente no.

-Algún pseudónimo que nos quiera revelar.

-No me acuerdo de todos como comprenderás. Entro de forma automática porque se almacenan en Acceso a Llaveros. Uso mucho Pinochet y Arcadi Espada, te puedo contar.

-¿Y desde cuando usa el demonio productos Apple?

-Siempre. Las manzanas mordidas me gustan desde el Génesis, no vayas a pensar que flipé con el iPhone. ¡Cuánto daño ha hecho el iOS al OSX!

-Opino lo mismo.

-No me copies que me da rabia.

-Ya que ha nombrado una invención de su autoría vamos a seguir por ahí. Usted existe desde el principio de los tiempos…

-Casi pero no -interrumpe-

-En cualquier caso tiene innumerables siglos a sus espaldas.

-Eso sí.

-En todo ese tiempo ¿cuál es su peor contribución para con la humanidad?

-Muchas. Muchísimas. No sabría decantarme. Te puedo decir con lo que más disfruto de un tiempo a esta parte.

-Adelante.

-Cuando un cantante dice algo como “en mi mente” o “te recuerdo” o “me vuelves loco” y se señala la sien. Es ocurrencia mía y gozo muchísimo cada vez que lo veo.

-¿Algo mas? -insisto decepcionado-. Lucy eleva la mirada ladeando la cabeza mientras rebusca en una cronología gigantesca algún hecho de maldad significativa.

-¡Oh sí! la publicidad de colchones LoMónaco. Estoy orgullosísima de esos anuncios. Se me ocurrieron en Sevilla en un atasco por culpa de una procesión y pensé: esto se lo devuelvo yo a la humanidad con algo espantoso que al verlo no puedas más que exclamar “inimicus homo hoc fecit”.

-Pasemos de los éxitos a los fracasos ¿Algún plan le ha salido mal?

-Más de los que quisiera. El efecto 2.000, la gripe aviar, Dreamland… fueron un churro.

-Verdad.

-Grandísimo. Estuve a punto de retirarme.

-¿Ve la tele?

-Como el todo el mundo.

-Disculpe pero cada vez hay más gente que prescinde del televisor.

-¿Cuánta gente es esa?

-Un número creciente al parecer.

-Cuatro gatos, te lo digo yo. Y pelmazos tristísimos además. La gente dice eso para hacerse la guay.

-Siendo así ¿con qué programas disfruta usted?

-Sigo mucho la Fórmula Uno. Por si se estrella algún piloto más que nada. Es aburridísimo ver coches dando vueltas pero el aburrimiento es la madre del vicio, o eso dicen.

-Entiendo.

-Lo sospechaba.

-¿Qué es lo que más cabrea al demonio?

-El Padre Nuestro y la depilación de muslos por la parte de dentro. Los llevo fatal.

-¿Alguna cosa más?

-El hombre en general. Me saca de quicio.

-¿Podría decir “el ser humano”? El hombre suena muy sexista.

-A mí el sexismo me suda el coño ¿se puede decir coño en tu mierda de blog?

-Puede decir lo que quiera.

-Chachi.

-Pero antes dijo que…

-Antes dije lo que sea. Soy la contradicción personificada. La inestabilidad hecha ser.

-Prosigo pues. Si tuviera que señalar lo más irritante de la humanidad, ¿con qué se queda?

-El humor y el libre albedrío -Lucy responde rápida sin apenas dejarme terminar-.

-¿Desarrolla la respuesta o lo dejamos ahí?

-El humor agota muchísimo. No me hace gracia, el humor.

-Suena como imposible.

-Me desenvuelvo mejor en la pesambre.

-Es curioso porque las religiones también huyen del humor. ¿Molesta la similitud?

-No es verdad. Los budistas tienen gracia los canallas. Van de sanos rayando en la inapetencia con que imaginas a Carla Bruni enfrentándose a unos galianos con liebre, y luego veneran a un obeso mórbido.

-Una cosa es el Buda Gautama y otra el Budai o Hotei.

-¡Calla repelente! Los veneran a los dos.

-Eso sí.

-Y lo que digo yo ¡Es!

-¿Puede desarrollar algo sobre el libre albedrío sin que termine gritándome?

-Imagina: el Cielo. Su Eterna Bondad se encapricha de un mono y le enseña a andar a dos patas mientras aplaude. Fiesta total. Decían “¡ay qué gracioso el monete! Vamos a ponerle un peto vaquero”. Le cogió tanto apego a la alimaña que lo malcriaba como Paris Hilton a los chihuahuas pero más. Nos puso a hacer recados por los desiertos… que volvíamos al Cielo encenagados de arena… No te podías negar. Niégate y huye -Lucy entra en un flashback que arruga su boca pero regresa al presente veloz y brusca:

-¡Y el puto mono aplaudiendo! -aúlla mientras golpea la mesa que soporta el gin-tonic y la fulmina con un resplandor naranja que huele a Opium de Yves Saint Laurent-. Ayudado del flashazo consigo vislumbrar mejor sus facciones. Es como un morphing entre Victoria Abril y Marc Anthony sin poder calcular el porcentaje que hay de cada uno.

-Comprendo -balbuceo mientras miro el estropicio-

-Im-po-si-ble, que comprendas. Y me vine al más acá. Desde entonces odio los animales de compañía y los petos vaqueros.

-¿Sale su maldad de copas?

-Cada vez menos pero sí. Aquí donde me ves soy muy hogareña.

-¿Frecuenta algún local con la asiduidad necesaria para considerarlo especial?

-Sí pero no te lo voy a decir. Sería una publicidad impagable. Te cuento que soy más de bares de toda la vida que de locales nocturnos.

-¿Alguna explicación?

-No sé. Los camareros supongo. En la noche hay mucha mariquita mala detrás de una barra.

-¿Hay algo que sorprenda al diablo?

-A estas alturas… bueno calla. Debajo de mi casa hay una tienda de chinos con la dependienta más perra que te puedas imaginar.

-¿Y es china ella?

-Sí, sí. China china.

-No doy crédito.

-Preguntas algo y sin apartar la vista del monitor para no perder hilo de la telenovela china de ambientación medieval, que debe ser muy conmovedora, dice “ih” señalando algún lugar indefinido en el espacio. Vuelves al mostrador porque no encuentras lo que buscas y repite maniobra. “Ih”. Ni siquiera vigila por si robas, claro que para eso ya ha doblado los precios de la familia china que atendía antes.

-Muy insólito.

-Nunca da bolsa.

-Será ecologista.

-¡Qué no! Que es muy perra. Se la pides y la arroja sobre el mostrador con una desgana infinita. Por supuesto tienes tú que embolsar la compra, ella no… Muchacho qué mujer más perra.

-Me recuerda mucho a la recepcionista del hotel.

-¿Qué hotel?

-¡Este!

-La recepcionista de este hotel murió el mes pasado.

-¿Y era china también?

-De Baviera

-Va a ser la que acabo de ver porque tenía mucha cara de francona baja.

-¡Oh qué miedo! Mira, los pelos de punta.

-¿A qué teme el diablo?

-Sobre todo a Papá Noel y a los hermanos Matamoros.

-¿No cree que esta entrevista puede socavar el prestigio de su figura y por tanto la fe en su existencia?

-Esto es sólo una campaña de marketing, idiota. -Lucy comienza a reír como los malos en las películas de kung fu-. Te estoy vendiendo una imagen campechana, así como borbónica, pero tú no sabes lo dañina que puedo ser cuando maquino. Además, para quien cree ninguna explicación es necesaria. Para el que no, ninguna sirve.

Y dando un fogonazo verde vejiga esta vez, Luciana desaparece de la estancia entre una humareda espesa. Antes de que pueda reaccionar, retorna al plano mortal tosiendo aparatosamente.

-¡Qué hinchá estoy del humo coño! Es que me dejaba el bolso y llevo las recetas para la fibromialgia que no las puedo perder porque no me hacen más hasta el mes que viene.

-Muy bien -respondí con el mínimo movimiento de labios que precisa una pronunciación inteligible-.

-Salgo por la puerta que la pirotecnia me sienta fatal y encima es carisísima.

La oigo toser por el pasillo hasta que el sonido se confunde con el tráfico de Gran Vía. Cojo la grabadora y salgo con la misma sensación que tuve al ver Prometheus. Esperaba más. “Ole-le, Ola-la, pega no ganze, pega no ganza“. El ascensor sigue ahí, impertérrito a pesar del mal aspecto de la moqueta. El hilo musical no tiene ya influjo pero me alejo haciendo un playback y flipo al recordar la letra. Tengo la cabeza llena de información absurda -lamento-. Jefferson, Brigitte Bardot, Bardot. Brigitte Beijou, Beijou… Camino a casa temo no haber grabado la sesión. Ahora se oye a Paula Echevarría contar lo agustico que está con sus perros y sus bolsos -fantaseo temeroso-. Pero no. En el archivo estaba todo lo aquí transcrito.

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8 Ocurrencias en “Entrevista a Satán”

  1. Anónimo dice:

    Sympathy for the devil…

  2. Anónimo dice:

    Para cuándo las memorias de su maldad? Me ha dejado muy buen sabor de boca esta entrevista.
    Por cierto, yo he estado en ese hotel. Maté a un americano a pajas en la 202.

  3. Anónimo dice:

    Sea lo que dios cuaje !!!!!

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