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Desastre Pop
Nota Roja
Categorías: Mundo Diverso

El periodismo escrito lleva décadas intentando olvidar uno de sus géneros fundacionales. Es un intento vano. Hasta ridículo. Casi tanto como las medidas de algunos ayuntamientos para erradicar la prostitución. El suceso es connatural al periodismo. Aunque la profesión más egregia lo desdeñe, el suceso seguirá siendo noticia. Sin embargo el espacio dedicado a la crónica negra ha ido menguando hasta desaparecer como sección específica en la mayoría de las publicaciones actuales. Quizá necesiten distanciarse del espectáculo saprofita que practica la televisión con el suceso mediático para conservar así un halo de rigor y prestigio mal entendido. Y digo mal entendido porque cuando el suceso se cuenta bien, es periodismo puro. Sin esa contaminación política y comercial que tantas veces se cuela entre las líneas de artículos dedicados a géneros con mejor prensa. Leyendo la sección de tecnología en El País he llegado a creer que el redactor jefe era el mismísimo presidente de Microsoft España, presidenta en esta caso. Y no sé ustedes, pero aquí el que suscribe está muy hartito de esos contertulios que jamás olvidan su afiliación al comentar cualquier noticia. Da igual. Lo que sea. Si se consideran de izquierdas dudarán de su madre en el caso de que la mujer vote al PP. Y viceversa, por supuesto. Un contertulio sentado en el bando de los conservadores, porque se distribuyen en bandos vaya a ser que el público los confunda, intentará disimular las tropelías de Carlos Fabra recordando cualquier gilipollez de Magdalena Álvarez, alias Maleni. Esos periodistas especializados en parlamentos y senados llegan a la tele gracias a su recorrido en la prensa escrita. Son los mismos que reinan en la sección política-nacional del periódico de turno. Los mismos que digievolucionaron de periodistas a mega voceros de sus ideas. Perdonen la soflama pero acabo de recordar esta entrada en Mangas Verdes y me arrebato.

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El triple crimen de Alcàsser, del que se cumplen 20 años el próximo día 13 (está a punto de prescribir), fue la puntilla para el periodismo de sucesos en España. La omnipresencia longeva y el tratamiento chungo terminaron por empachar al público y escandalizar a muchos profesionales que salieron corriendo en dirección opuesta. Como ejemplo de esta mala praxis, digamos que Antena 3 y Nieves Herrero hicieron mucho daño al género aquel 28 de Enero de 1993. “El suceso no hay que adjetivarlo”, comentaba Manuel Marlasca en el XI Congreso de Periodismo Digital. Pero la chica Hermida se enfrentó a esta información desde una perspectiva sensiblera con sobredosis de epítetos a lo Perogrullo, en las antípodas del rigor escueto y la asepsia distante que la crónica negra necesita. En lugar de narrar y explicar los hechos ella quiso que los espectadores “compartieran el dolor de un pueblo y unos padres”, en palabras de la sujeta. Tremebundo fue aquel programa que nada más comenzar nos regaló una secuencia entre marciana y canalla. Tras la animada sintonía, el realizador muestra un primer plano de Fernando García, el padre más mediático del caso. La musiquilla de inicio terminaba con un coro que anunciaba el título del magazine. Un pizpireto “de tú a tuuuúúúú” se funde con el rictus de un señor que acaba de encontrar los despojos de su hija muerta. Ese fue el inicio. El resto del programa se mantuvo a la misma altura inexistente.

El periodismo de sucesos ya arrastraba un olor a rancio antes del crimen de Alcàsser. Siempre hubo una parte de la profesión que lo miraba con el desprecio de quien se cree más intelectual. Lo cierto es que tampoco gozaba de mucho prestigio entre un público que renegaba de él con la boca chica. Algo parecido a lo que sucede con Sálvame, que todo el mundo lo pone a parir pero luego es líder de audiencia. El género se mantuvo como gato panza arriba hasta que la televisión mató a la estrella del suceso, es decir “El Caso”. En 1987 cerraba el mítico semanario dedicado a contarnos la parte más oscura de nuestros vecinos. El Caso nació en 1952 como un spin off de la sección del Diario Madrid llamada “el caso de”. Eugenio Suárez lo fundó, editó y dirigió hasta bien entrados los 80. Su popularidad se acrecentó con los números dedicados al caso de la mano cortada, al Jarabo y las peripecias de Eleuterio Sánchez. En aquella época los diarios se escribían según la información facilitada por la Dirección General de Seguridad, así que los periodistas del semanario truculento eran de los pocos que verdaderamente ejercían como tales. Ellos salían a la calle para buscar la noticia. Entrevistaban testigos y se relacionaban con cualquier submundo que pudiera ofrecer información jugosa en lugar de transcribir teletipos oficiales. Cuando se inventaban la información, que también lo hacían, tenían más gracia para el inserto que esos periodistas sesudos y de mucho mundo que fabulaban con once emes.

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El Caso informaba con una redacción novelesca acompañada de fotografías y dibujos explícitos, todo lo que la censura permitía. Realizó tiradas enormes y tuvo una popularidad masiva capaz de engendrar expresiones cotidianas. Aquello de “este hombre es un caso”, viene del semanario susodicho. Perdió la batalla contra una televisión que se ganó el favor del público. Ya no había que ir al kiosko para satisfacer la dosis de morbo semanal. La teníamos todos los días en el salón de casa. Y en color. El suceso sufrió un trasvase desde el papel escrito al tubo catódico hasta llegar a la situación de hoy, con presencia casi testimonial y esporádica en la prensa pero estelar en los platós. Todos los magazines mañaneros tienen un espacio dedicado y conducido por un especialista en la materia. Al menos ahora ponen a especialistas. Antes soltaban a Nieves Herrero en mitad de Alcàsser y que la mujer se las apañe. Para ser periodista de sucesos es preciso conocer muy bien el lenguaje jurídico, las clases de delitos, las penas asociadas, los modus operandi… Hay que tener amigos en la policía y en el infierno. Relacionarse con soltura en ambientes peculiares. Hasta conocimientos de medicina psiquiátrica y forense son muy recomendables. No se puede hacer una buena información de sucesos sin salir de la redacción, consultando en Google y repasando las notas de agencias. No se debe al menos.

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Espejo Público tiene a un correcto aunque algo teatral Alfonso Egea. Las mañanas de Cuatro al agradable Ángel Moya de forma habitual y la más esporádica Bárbara Royo, una mujer capaz de hacerte odiar a la abogacía y a las mechas con tan solo abrir la boca. El programa de Ana Rosa tiene al repelente niño Vicente que lo sabe todo llamado Nacho Abad. La Sexta acaba de abrir “Más vale tarde” en horario vespertino con Manuel Marlasca dedicado a este y otros temas. Cualquier informativo saca unos minutos entre Messi, Mou, la crisis y Victoria Secret’s, para lo más horrendo que haya pasado. Antes teníamos programas específicos como “Sucedió en Madrid”, “¿Quién sabe dónde?, “Código Uno”, “Gente”, “Equipo de investigación”… Del extranjero nos llegan refritos extraños como “Urgencias Bizarras” o “1.000 maneras de morir”, que no son programas de sucesos propiamente dichos pero hacen el papel de la metadona para el yonki. Nos ofrecen dosis generosas de morbo convirtiendo la desgracia en espectáculo cómico y gore. El caso de “1.000 maneras de morir” es muy curioso por su descarado intento de adoctrinar satanizando comportamientos excesivamente liberales (estrategia muy común en el mundo del suceso más sensacionalista). El programa parece una catequesis del partido republicano dirigida a los paletos de la América profunda que tantos votos le suponen. El resto de espectadores lo consideramos un programa de humor. Algunos sucesos, por más tremendo desenlace que tengan, son como chistes macabros inventados por un hijo de puta retorcido pero con mucha chispa.

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Antológica fue aquella noticia del Faro de Vigo que de surrealista muchos creían leyenda urbana, pero no. “Def Con Dos” la incluyó en su estupenda Pánico a una muerte ridícula. “Castigo divino a la zoofilia. Pasión que aplasta una roca asesina. Todos se ríen porque adivinan qué hacía el difunto con una gallina”, que decía la canción. Recuerdo otras noticias más escatológicas pero igual de extrañas sobre ventosidades que derriban tabiques y producen quemaduras (nota de la izquierda), o aquella mujer de Kansas que pasó dos años incrustada en el váter. Cualquier candidatura a los premios Darwin confirma que el suceso puede ser cómico, excepto para la víctima y allegados claro. No se rían so canallas.

Con la competencia terrible de la imagen en movimiento y muchos periodistas intentando escapar del olor a sangre, no es raro que los diarios hayan cedido la crónica negra al electrodoméstico estrella. Al menos en nuestro país, porque en otros no sucede lo mismo.

En México la crónica negra se llama nota roja. Allí todavía se publica prensa dedicada al tema, claro que en México hay mucho tema que tratar. En cada informe al respecto, el apasionante país azteca aparece en los puestos más altos de la criminalidad. Según un estudio de este año realizado por la ONG mexicana “Consejo Ciudadano Para la Seguridad Pública y la Justicia Penal“, Ciudad Juárez es la segunda ciudad más peligrosa del mundo por detrás de San Pedro Sula, en Honduras. Aquí tuvimos “El Caso” y allí destacó “Alarma!”, un semanario conocidísimo que comenzó su andadura en 1963 gracias al escritor y periodista Carlos Samoaya Lizárraga, autor de la celebérrima frase “matóla, violóla y encostalóla”. Antes existían otras publicaciones similares de nombres descriptivos como “Crimen”, “Alerta” o “Manos arriba”, pero fue “Alarma!” la que terminó por conquistar al país. El caso que lo encumbró fue el de las terribles hermanas “Poquianchis”.

Mucho se publicó sobre estas mujeres que regentaban varios lupanares en los que se maltrataba de forma salvaje a chiquillas y mozas. Llegaron a matar a algunas dejándolas morir de hambre o a consecuencia de palizas repetidas. Pero el imaginario popular y la prensa se encargaron de engordar el caso atribuyéndoles centenares de crímenes, orgías zoofílicas y satánicas, la venta de carne humana y otras aberraciones demasiado novelescas que se contradicen con el expediente judicial del caso, archivado en el Tribunal Superior de Justicia de Guanajuato.

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Lo cierto es que la historia de las Poquianchis fue tremenda sin necesidad de añadirle inventos. Tres hermanas, María de Jesús, Delfina y María Luisa González Valenzuela, se dedicaron a secuestrar niñas desde los 11 años para prostituirlas en los locales que administraban. Hombres a su servicio recorrían las zonas aledañas a los negocios con el fin de engañar a los padres de las jóvenes. Prometían trabajo a sus hijas y les ofrecían pequeñas sumas de dinero para convencerlos. Unos cuantos pesos suponían mucho. Eran familias numerosas y pobres en los años 30 y 40 del pasado siglo. Si los padres o las niñas se negaban al trato, regresaban después para raptarlas.

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Una vez las crías llegaban al prostíbulo, les enseñaban las artes amatorias a base de palos y violaciones repetidas por los secuaces de las lenonas. A la lista de vejaciones se añadía una dieta escasísima basada en tortitas de maíz y frijoles, un alojamiento absolutamente insalubre y un trato inhumano. Las Poquianchis cometían sus felonías en connivencia con caciques, policías y autoridades de la zona, que hacían vistas gordas, falsificaban tarjetas de salud y por las noches acudían a los locales de las hermanas.

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En aquella época los medios anticonceptivos como que no. Un embarazo se arreglaba con más palos para provocar el aborto. Si la gestación llegaba a término (escasas veces), el niño era asesinado o vendido. Aunque en el juicio no terminó de probarse este comportamiento, varios testimonios aseguraron que tal era el proceder con los recién nacidos. Cuando las chicas enfermaban o cumplían demasiados años, eran abandonadas en corrales a la intemperie para que agonizaran. A algunas las asesinaron directamente.

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El negocio iba genial hasta que una chica trató de escapar y esa vez lo consiguió. Otras antes lo intentaron sin éxito. El castigo que recibían luego servía de ejemplo para desanimar a las demás. Una mujer desnutrida, sucia y malherida llegó hasta la comandancia de la Policía Judicial en la ciudad de León, Guanajuato. Se llamaba Catalina Ortega. Tuvo suerte de que la atendiera alguien que no estaba relacionado con la trama de corrupción que las Poquianchis controlaban. Lo que contó en sede policial fue el inicio de un caso que horrorizó al país y sirvió para que el semanario Alarma! se convirtiera en el rey de la nota roja.

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La historia de las hermanas diabólicas llenó muchos números del semanario que llegó a lanzar tiradas de 2 millones de ejemplares (México es muy grande). Inspiró obras de teatro (foto superior) y una novela llamada “Las Muertas” de Jorge Ibargüengoitia que a su vez sirvió de base para la película “Las Poquianchis” de 1976 y que ustedes pueden ver a continuación.

Por cierto, el apodo de “las Poquianchis” tiene un origen confuso. Algunas informaciones aseguran que se debe al mote de un homosexual que regentaba un club comprado después por las hermanas. Al hombre le decían el poquianchis. De hecho ese fue el nombre de unos de los burdeles que las mujeres abrieron al inicio de su terrible carrera en la hostelería, “El Poquianchi”. Otras voces dicen que el apelativo se debe al tamaño enorme de las caderas que lucían las abyectas. Sería una muestra de mala baba vecinal. Para identificarlas de manera irónica, dado el generoso tamaño de sus culos, las llamaban poquianchis como contracción de “poco anchas”. Es como si a la mujer más mala del pueblo le dicen “la santa”. Algo similar.

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Estas mujeres fueron para el semanario “Alarma”, lo que el Jarabo y el Lute para “El Caso”. La publicación se mantuvo hasta el año 1986. Por aquellos tiempos el gobierno presidido por Miguel de la Madrid intentaba adecentar la imagen del país de cara al mundial de fútbol México 86. Cerraron todas las publicaciones pornográficas y las que atentaran contra la moral, junto a otras medidas de dudoso efecto y criterio. Volvió a editarse en 1991 bajo la presidencia de Carlos Salinas de Gortari, y hasta hoy. Por motivos legales ahora se llama “el nuevo Alarma!”, pero sigue practicando la seña de identidad que lo hizo famoso: una redacción más cercana al relato negro que al periodismo y unas fotos explícitas a rabiar. Como muestra les traigo la portada que el pasado 2010 celebró los mil números.

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Animados por el éxito del semanario, muchas publicaciones intentaron copiar la fórmula por si repetían pelotazo. Imitaron los característicos amarillos y negros, la tipografía del logo, el tono novelesco y la ilustración rotunda. En el período que Alarma! echó el cierre forzoso, los hijos bastardos se multiplicaron. La clausura tuvo una explicación más política que moral como demostró la permisividad de las autoridades con esos clones (el grupo editor de Alarma! publicaba también una revista muy crítica con el gobierno llamada “Impacto”). Entre todos los hijos destaco uno con hechuras de fotonovela setentera y primorosa que me alucina. Eran dramatizaciones de las historias contadas en Alarma! A continuación algunas portadas de “Casos de Alarma!”, que así se llamaba la publicación. Vean, vean y pinchen en las fotos para admirarlas en su magnitud:

——– Casos Reales, otra publicación similar pero con más carne———

Sublimes sin duda. Voy corriendo a eBay o a Todocolección por si puedo hacerme con algún número. Llevo prisa que la gente es muy ganosa y se me adelantan. Eso sí, no puedo despedirme sin ejecutar un fuerte aplauso con tirabuzón hacia atrás para Alarma!, las fotonovelas en general y México en particular.

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9 Ocurrencias en “Nota Roja”

  1. Anónimo dice:

    Qué bueno que vuelvas a escribir con regularidad. Se te echaba de menos. Saludos de un lector habitual.

    • Grushenko dice:

      Me encantaría subir una entrada cada día pero es que soy muy lento escribiendo (y algo perro también). Saludos y muchas gracias, de verdad. A veces necesito un empujoncillo para sentarme frente al ordenador ¿he dicho ya que soy un poco perro?, y mensajes como el tuyo ayudan bastante.

  2. oscarrrrrrr oscarrrrrrr dice:

    El caso Alcàsser sin duda marcó un antes y un después en la telebasura en España. A partir de aquel momento, los periodistas se dieron cuenta de que la carnaza, la sangre, el morbo y la chabacanería daban audiencia, y en estos últimos años así les ha ido. Un servidor de ustedes es de Alcàsser, y en aquella época me cogió el caso en plena adolescencia. Para un pueblo tan pequeño, aquello fue una auténtica conmoción. Recuerdo ver en el pueblo a gente como Nieves Herrero, Paco Lobatón y compañía, y más tarde las insoportables sesiones nocturnas de Pepe Navarro y su tropa.
    Y ya puestos en temas de casquería, Grushenko, ¿para cuando uno de esos maravillosos textos tuyos dedicado a Puerto Hurraco?

    • Grushenko dice:

      ¡Qué miedo daban las hermanas Izquierdo! Los varones de la familia, tan calzonazos, tan simplones y tan asesinos ellos, me causaban más pena que otra cosa. La pena que me suscitan los desgraciados. Pero esas hermanas… repelús.

      Lo de Alcàsser tuvo que ser tremendo vivirlo en directo.

  3. Dolor Dolor dice:

    A mí siempre me gustaron mucho esas historias incluidas las que contaban en “La huella del crimen” cuya cutrez, toda muy costumbrista sí, le daba un punto más desasosegante si cabe a los asesinatos y qué decir de la señora esa de la pipa que era toda una eminencia de los bajos fondos sociales y mentales, de eso me ha quedado el amor a la ficción policíaca porque lo que es ahora, no soporto a esos periodistas morbosos al peor estilo de la Nieves Herrero. Lo de Alcasser yo creo que marca un antes y después en muchas cosas, incluida la bajeza humana y la falta de compasión y yo siempre me preguntaré qué tenían esos padres en la cabeza para prestarse a eso y qué ocurrió en realidad. De las Poquianchas, excepto aplaudir el sentido del humor de esos vecinos y comentar que José Alfrefo Jiménez también era de Guanajuato, poco más me apetece decir, ahora, ¡esas portadas por favor! Lo que me he podido reír. Grushenko, Alaska seguro que las tiene y si no, todavía estás a tiempo para vendérselas a precio de vómito de ballena.

    • Grushenko dice:

      Seguro. Hace nada leí que Vaquerizo adquiría por fin los ejemplares de “El Caso” que le faltaban gracias a TodoColección. “Los tengo todos” anotará en cada página del catálogo. Así que raro sería que no tuvieran nada de “Casos de Alarma”, máxime habiendo nacido (y vivido) Alaska en México.

      El caso de Alcàsser me parece muy misterioso también. Lo mismo es por culpa de los medios que nos bombardearon con conspiraciones del más alto nivel… pero algo rara olía esa instrucción más propia del jefe Wiggum que de una fuerza de seguridad del estado”. Óscarrrrrrr si nos lees danos tu opinión. ¿Conocías a Ricard aunque fuera de vista? ¿Y a Anglés? ¿A ti que te parece que pudo pasar? ¿Qué se comentaba por el pueblo? No me respondas ahora, hazlo después de publicidad.

  4. Dolor Dolor dice:

    Es verdad que Óscarrrrrrr podría hacer una subentrada, spin-off en este caso esclareciendo nuestras tinieblas. ¿Lo que dices de Mario Vaquerizo y El Caso es verdad? Y por último, te he escrito a tu correo personal 😉

    • Grushenko dice:

      Visto y contestado. Lo de Vaquerizo:

      No obstante, el semanario El Caso es el referente más importante o popular de prensa de sucesos en nuestro país. Lo es tanto que Mario Vaquerizo reconoció en una entrevista que gracias a todocolección.net había completado su colección de ejemplares de este periódico -que ya cuestan veinte euros cada uno, ojo.

      Aquí el enlace al artículo completo donde lo comentan

      Por cierto, si te gustaron las portadas de “Casos de Alarma”, tengo otras de una publicación similar de esas clónicas que salieron para aprovechar el tirón. Se llamaba “Casos Reales” y tenían un componente más sexual, todavía si cabe, con una querencia especial por los culos (femeninos claro está). Quería hablar de las copias que tuvo Alarma!, pero temo hacer tochazos infumables. He actualizado este artículo para incluir algunas. Yo es que me desorino con ellas. En Casos Reales, a falta de sucesos dramatizaban hasta canciones de Juan Gabriel, por poner un ejemplo de locura. Me alucinan los actores, como Pepe Pineda (el Rielero), un habitual de la revista. Los consejos que incluían algunos números: “si quieres ser un hombre sano, no te metas con prostitutas”, “el que pierde la mañana, pierde la tarde” o “el mal ejemplo encuentra tierra fértil en cerebros débiles”. Los casos sin fuste del tipo “La mujer del payaso”, las introducciones de los actores como “dramatizado por la sensual adolescente y el recio actor…”, “por la bella curvilínea” o “por la sexymorena”. Flipo con la presentación de los episodios: “como el marido resultó maricón, le dio vuelo a la hilacha”, “se enteró que era prosti” o “se acostó con un retrasado mental”… En fin que me alucina todo.

  5. Dolor Dolor dice:

    Bueno, bueno, bueno, ¡cuánta perverción! que dirían los redactores de estas maravillas. “Darle vuelo a la hilacha” ha pasado instantáneamente a formar parte de mi vocabulario XD y decir que comentar las portadas de estas revistas necesitaría de un blog propio con sus secciones correspondientes: portada, titulares (la mayoría dan para camiseta: Sexo, drogas ¡muerte!, La mesera coqueta, …), vestuario y peluquería (portada 25 de “Casos de alarma”), faltas de ortografía y asín sucesivamente, no quiero ni imaginarme la densidad que hay en el interior de estas publicaciones ¡Qué descubrimiento señor, qué descubrimiento!

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