Hace unos veranos, un grupo de amigos estuvimos recorriendo Extremadura. Todo genial. La gente majísima y los sitios también. Cáceres me parece una de las ciudades más bonitas que conozco, por cierto. En la muy histórica y recomendable localidad de Mérida (Badajoz), nos subimos en unos segway’s para visitar la mayor cantidad posible de ciudad sin agotarnos demasiado. Somos algo perros, sí.

Me encargué de grabar el recorrido no sin dificultad. Era la primera vez que conducía un cacharro de esos, y aunque el manejo es muy intuitivo, se necesita algo de práctica para no ir acojonado por la sensación de vulnerabilidad y exposición. Si te caes no hay nada en el aparato que te proteja. Le sumamos que tenía que conducirlo con una mano porque en la otra llevaba la cámara, y el resultado fueron unos cuantos sustos iniciales.

En seguida se le coje el truquillo. Me encantó el segway. A todos nos gustó bastante. Bueno, el de la gorra roja tuvo una experiencia más accidentada. Pegó dos porrazos importantes y aparatosos. Creímos que había roto el patinete. Por fortuna ni humano ni máquina sufrieron desperfectos. Me dio mucha rabia no grabar las caídas. Fueron al inicio del recorrido y todavía estaba acostumbrándome al vehículo. Llevaba la cámara apagada. Una verdadera pena. Nos podíamos haber reído un huevo viendo los trastazos a cámara lenta.

Sin más, les dejo con el vídeo en cuestión. Un paseo por la ciudad milenaria, “madre” de otras poblaciones homónimas en México,Venezuela, Filipinas, Cuba, y USA. La gran Emérita Augusta.
Es como Verano Azul