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Cosmética Falaz
Categorías: Mundo Diverso

Desde que Adán le dijo a Eva que no conocía de nada a aquella cabra, la mentira ha sido un recurso poderoso y muy explotado. No es un invento del hombre, que se lo digan al grillo que sucumbe en las zarpas de la mantis orquídea. Ni siquiera mentimos mejor que una gamba, con ese aspecto horrendo y lo buenas que están las hijas de puta. Pero sí que hemos conseguido refinar la mentira hasta olvidarnos de ella. Uno de los mejores ejemplos del empeño en obviar la realidad para creernos lo que haga falta, lo tenemos en la cosmética. Si de verdad las cremas anticelulíticas fueran tan maravillosas como Estée Lauder pretende, la celulitis estaría erradicada como lo está la polio para el vacunado. Si los miles de productos anticaída del cabello sirvieran para algo, no existirían los calvos… ni los peluquines.

Pero aquí estamos. Gastando millonadas cada año en cremas, champunes, lociones y tónicos que obviamente no sirven para una mierda. ¿Por qué somos tan idiotas? Bueno, no es culpa nuestra únicamente. Gran parte del mérito en este engaño masivo se lo tenemos que dar a la publicidad. La industria cosmética tiene una publicidad casi perfecta. Utiliza muy bien todos los trucos del gremio pero además se basa en dos pilares fundamentales: la ignorancia y los complejos.

Como la mayoría de nosotros no tenemos ni zorra idea de química, de medicina, de física o de sentido común, nos pueden decir que tal crema contiene oxígeno marino y nosotros tan contentos frotándonos la cara con esa pasta que tiene oxígeno del mar. Pero resulta que el oxígeno es oxígeno, independientemente de dónde se saque. Además, nuestro cuerpo recibe el oxígeno a través de la sangre, no somos batracios que respiran por la piel. La cantidad de oxígeno que pueda contener una crema aplicada en la piel, tiene el mismo efecto beneficioso para el cutis que la horchata vertida sobre el gotelé del salón. Y si esa crema en realidad tuviera las cantidades de oxígeno necesarias para provocar una reacción en nuestra cara, lo que haría sería oxidarnos la piel.

La industria cosmética lleva muchos lustros pagando millonadas en publicidad a las revistas del gremio belleza-moda-mujer. Estas publicaciones en realidad están “subvencionadas” por las grandes marcas. A cambio reciben secciones de belleza en donde supuestas expertas alaban sus productos, “enseñan” a utilizarlos o recomiendan a las lectoras el tipo de potingue apropiado para su tono de piel. Todo es una gran farsa. Una mentira gigantesca en la que no caben ni las críticas ni las opiniones reales.

Las supuestas propiedades de los productos cosméticos casi siempre van mucho más allá de sus capacidades reales y posibles. Si de verdad cumplieran lo que prometen ya no serían cosméticos, deberían comercializarse como medicamentos. O como la piedra filosofal que Conchita Marquez Piquer está a punto de descubrir. Porque una cosa son propiedades cosméticas y otra muy distinta propiedades terapéuticas. La cosmética, según su definición debe actuar sobre la parte más superficial de la piel, la epidermis. Todo lo que pase de ahí, ya no es cosmética.

Siguiendo con esta sarta de mentiras, esas cremas que prometen una limpieza de las capas más profundas de la piel, si de verdad lo hicieran nos provocarían una bella hemorragia. Las exfoliaciones prometidas, también profundas, deberían actuar como la lija en la madera para ser ciertas. Las mascarillas que aseguran nutrir y revitalizar el pelo, son uno de los engaños más extendidos. Si fueran capaces de hacerlo, Vidal Sassoon tendría el Nobel de medicina, de química y de magia. El pelo es un tejido muerto, lo siento mucho pero lo único “vivo” del pelo es un diminuto bulbo insertado en la piel llamado folículo piloso:

A partir del folículo piloso crece el cabello formando nuevas células en la base de la raíz. Estas células se multiplican para formar un bastón de tejido en la piel, los cuales se mueven hacia arriba desplazados por las nuevas células que se forman debajo de las mismas. A medida que se desplazan hacia arriba, se los aparta de su provisión de nutrientes y comienzan a formar una proteína dura llamada queratina en un proceso llamado queratinización, durante el cual las células del cabello mueren.

Al cabello no se le puede nutrir, ni hidratar, ni insultar porque le da lo mismo. Es un tejido muerto. El hecho de que no sintamos absolutamente nada al cortarlo debería darnos alguna pista al respecto. Sin embargo un estirón sí que duele, ¿eh? Eso es porque hemos jodido al bulbo piloso, el pobre. Pero nos da igual, untamos con una mascarilla que huele  a mierda nuestra cabeza y aunque el bote diga que debemos mantenerla tres minutos antes de aclarar, nosotros pasaremos diez con la plasta en lo alto… para que haga más efecto y nutra mejor.

La industria cosmética también sabe aprovecharse muy bien del materialismo ¿femenino? Hay una tendencia importante que añade componentes lujosos a las cremas porque si son caros entonces deben ser más eficaces. Seguro. Un notario siempre es mejor partido que un kioskero. Así tenemos cremas con oro, con perla micronizada, con proteínas de caviar o con lágrimas del extinto pájaro dodo. Y el lujo es el mejor y más vergonzoso engaño de todo este gran timo.

La cosmética abusa de afirmaciones sin demostración científica. Muchísimas de sus frases son sólo eso, frases. Aprovechan la fe de los compradores en las cualidades de algo que desconocen.

En cosmética, el oro no es ningún capricho extravagante y Selvert Thermal, cosmética suiza distribuida en salones de belleza, lo sabe. Ha incluido este precioso ingrediente en su linea más ambiciosa: Soin d’Or 24k. El oro tiene propiedades antiedad a nivel cosmético. Además ilumina el rostro dándole una luz muy atractiva a la piel, reafirma y regenera profundamente.

Son las típicas tonterías que podemos leer en cualquier reseña de revista sobre un nuevo producto ¿Pero qué regenera el oro? ¿Cómo? ¿Es oro o células madre? Repito que estas revistas, y sus redactores, están comprados por las marcas que son las que sustentan a la publicación con sus millonarios desembolsos en publicidad. Todo lo escrito es palabrería hueca, sin fuste, repetitiva. Eso sí, acompañada por una fotografía excelente y unos botecitos de diseño muy atractivo, las cosas como son.

Las cremas más caras se venden casi siempre con una historia maravillosa y/o romántica detrás. Ejemplos:

La crema Nera de Giorgio Armani. Este botecito que cuesta 250 euros debe su fórmula a unas rocas de la isla italiana favorita del caradura de Giorgio, la isla Pantellaria. Esas rocas, que queda mucho más fino que “piedras”, son volcánicas y contienen minerales como el sodio, potasio o hierro. Pero es que ni el sodio, ni el potasio ni el hierro son escasos o difíciles de conseguir. En ningún caso pueden justificar ese precio. Y de nuevo tenemos la tontería de pensar que el potasio de la isla Pantellaria es más potasio que el de Albacete.

La Mer. Esta crema milagrosa, vendida así por el grupo Lauder, cuesta 220 euros principalmente porque un ingeniero aeronáutico (gente que gana una pasta), consiguió regenerar toda su piel quemada tras utilizarla. El hombre se llamaba Max Huber y supongo que se achicharró vivo al colocarse detrás de un motor encendido del Boeing 747 que estaba revisando, no me extrañaría nada. Los componentes principales de esta crema son: algas, aceite mineral, vaselina y glicerina. Como el aceite mineral, la vaselina y la glicerina las podemos comprar al peso por unos céntimos de euro, se supone que los 200 euros restantes del precio se deban a las algas. Pues mira no. Hace tiempo las algas eran exóticas, desconocidas y desaprovechadas por el hombre terrestre en general  (otra cosa diría si hablara de los habitantes de la Atlántida que llevan utilizando las algas desde ni se sabe). Pero hoy vas a la frutería de la esquina y tienes un surtido hermoso de algas. Por 220 euros te llevas todas las existencias de algas y chirimoyas, una cantidad infinitamente superior que la contenida en la crema La Mer(de).

Sensai Premier. Lo de esta crema ya roza la ciencia ficción. Bueno no, la roza no; entra de lleno qué coño. Su historia es delirante, como el precio. La forma esférica del interior del bote se debe a la tendencia común de reducir aún más las capacidades de los envases, bastantes escuetas de por sí. Lo más normal es ponerles un falso fondo. El “culo” del interior del bote termina más arriba de lo que parece por fuera, así el timo es mucho más rentable. Pero en Kanebo, la firma que fabrica la crema Sensai Premier, han debido inventar una excusa que justifique la cantidad ridícula de producto. Resulta que esta crema promete, activar la memoria celular para que sea la misma piel la que  restituya su equilibrio: recupera el ADN dañado,  regula e incrementa la síntesis de ácido hialurónico, y dejando el terreno de lo científicamente imposible para entrar de lleno en el ridículo absurdo, es capaz de cambiar sus propiedades y la manera en que actúa ¡según cambian las fases lunares! Tocate el coño Paqui, ahora comprendo yo la forma esférica del interior. Esta crema vuelve a justificar sus propiedades (y precio) en las algas (Gigartina Tenella), recurso ya demasiado viejo que huele a mar. A mar muerto, que esa es otra pero en fin.

La Gigartina es un alga roja que hoy se puede encontrar en herbolarios y sale a unos 20 euros el bote. Estas pastillas contienen una cantidad infinitamente mayor de Gigartina de la que goza la crema de Kanebo, y además se administra de manera mucho más efectiva para que sus propiedades sean aprovechables, es decir, vía oral. Repito que no somos batracios capaces de asimilar nutrientes de forma eficaz por el pellejo. Por más que se empeñe la cosmética, no podemos.

El timo sideral de Kanebo en forma de crema inteligente, sale por unos 600 o 700 euros el botecito, según la poca vergüenza del establecimiento vendedor. Es de las cremas más caras y codiciadas del mercado. Y lo más hilarante resulta que si consiguiera los milagros que promete, no sería necesario comprar más que un bote. La cosmética en general olvida el hecho de que si fuera tan efectiva como pretende, ella misma dejaría de ser necesaria.

Además del lujo como muestra de efectividad, hay otra tendencia curiosa en los potingues que atrae muchísimo a las compradoras: el ascazo. Lo de “para estar bella hay que sufrir” y aquello de “la naturaleza es sabia”, se unen en una maquiavélica maniobra para crear productos a base de orina de mapache, veneno de serpiente o baba de caracol. Si da asco debe funcionar. Me contaba mi madre que cuando era pequeña, las curanderas solían preparar purgantes a base de hervir las mierdas secas de los perros. Como suena. Esto es igual pero más refinado. Si a una crema le añadimos veneno de serpiente, debe ser buenísima porque claro, el veneno de la serpiente paraliza los pulmones y el corazón. Sobre la piel debe paralizar los músculos y reducir las arrugas: Al menos eso aseguran los fabricantes. Pues tampoco. Si así fuera, de nuevo dejaríamos de hablar de cosmética y entraríamos en terreno de la medicina. Un producto que paraliza los músculos no puede ser vendido en la sección de perfumería de El Corte Inglés. Por lógica y por ley.

Por último, porque podría rellenar tres blogs con las mentiras de la cosmética, hablaré del tema del bronceado. En multitud de botes y anuncios podemos leer “Bronceado seguro” y frases similares que pretenden tranquilizar al usuario debido al altísimo factor de protección. Que sí, es cierto que son capaces de filtrar las radiaciones y limitar la cantidad que recibiríamos de forma natural. Pero es que el bronceado seguro no existe, por más que nos vendan lo contrario. El bronceado siempre es una respuesta fisiológica al daño producido por la radiación solar. Si hay bronceado hay daño. Si hay daño no es seguro. La producción de melanina es una reacción del cuerpo ante una agresión externa, como la costra que sale en una herida. Una defensa.

Para que los factores de protección sean efectivos al nivel anunciado en el envase, es necesaria una aplicación correcta, lo que implica entre otras cosas 2mg de producto en cada centímetro cuadrado de piel. Debido a la fiebre moderna por adquirir un tono parduzco, muchos productos bronceadores vuelven a tomarnos por idiotas, que lo somos, y venden absurdos tales como:

Protección ante la radiación UV-C. Esto ya es lo más en protección solar. Lo último. La muestra de lo avanzada que es la crema que nos embadurna. Y de lo inútil también. Los rayos UV-C llegan a la superficie terreste de forma absolutamente residual. Incapaces de hacer daño porque son absorbidos casi en su totalidad por la capa de ozono y el oxígeno atmosférico.

En el caso de ser alpinista y escalar una montaña de 40.000 metros de altura, podría ser necesaria esa crema que nos protege de los UV-C. En cualquier otro supuesto es tirar el dinero.

Y una corriente moderna respecto al bronceado basada únicamente en el ansia de vender más en lugar de servir para algo, son las cremas solares para ciudad. Otra gilipollez basada esta vez en la excusa de la polución, que cambia las propiedades del sol según ellos.

Obviamente no es cierto. Las radiaciones dañinas son las mismas y actúan igual en la playa, la ciudad o en el pueblo. Si dichos lugares están próximos al ecuador, la cantidad de radiación sí puede ser más peligrosa; pero eso se debe a la geografía terráquea, no a la política. Además, los filtros solares de las cremas no varían ni cambian sus propiedades según vayamos a la playa o nos quedemos en Zamora. Estos mangantes pretender implantar la necesidad de cambiar de crema solar según el lugar en que estemos. “Si vas a la playa utiliza esta gama, pero si paseas por la ciudad te recomiendo esta otra que contiene más semen de camello”.

Donde sí es efectiva la cosmética para evitar el daño solar, es en el empleo de autobronceadores, esas cremas que han evolucionado bastante desde las primeras que te dejaban un marciano color naranja arrodalado. Ahora funcionan mucho mejor y hoy por hoy son el único método de escapar de los muchos problemas que la tanorexia, en mayor o menor grado, produce.

Termino comentando que la gran farsa de la cosmética se descubre cuando reflexionas sobre sus prometidos efectos. Si funcionara tan bien como nos dice, se iría quedando gradualmente sin usuarios. Si el 94% de las compradoras del engrudo fantástico experimenta resultados visibles a la semana de utilizarlo, en un mes deberían de estar tan divinas que necesitarían menos producto. Si la crema X combatiera los 9 síntomas del envejecimiento de forma tan efectiva como cuenta, cada vez tendría menos público necesitado de sus efectos. A la cosmética no le interesa ser eficaz, le interesa crearnos complejos, aumentar los que ya tenemos, y sobre todo mentir.

La mayor parte de la información de este artículo viene de la interesante página Juventud y Belleza, gracias a la mano certera y simpática de Alfonso David. Un tipo listo. No hay más que ver el buen ojo que ha tenido para bautizar su página con palabas clave de lo más sugestivas.

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8 Ocurrencias en “Cosmética Falaz”

  1. oscarrrrrrr oscarrrrrrr dice:

    El semen del hombre es excelente para el cutis de las mujeres debido a sus innumerables propiedades. Esto se sabe desde hace décadas pero a los laboratorios se les ha prohibido hacerlo público debido a las consecuencias tan tremendas que esto tendría. Así que ya lo saben, señoras.

  2. Anónimo dice:

    No tan solo el semen del hombre es excelente para el cutis de las mujeres si no tambien la sabila, los cientificos del planeta ya lo han descubierto, que es asi que existen dibersos productos y cosmeticos que contienen sabila. Y eso no es todo existen productos con “Ganodermalucidum”. Si desean obtener mas informacion de productos con “Ganodermalucidum” pueden escribirme a mi correo electronico.

  3. Anónimo dice:

    Pues desde hoy que termine en mi carita mi amao

  4. Anónimo dice:

    uyy kien se viene en mi cara, rico ,, :) abro mi fundacion de semen para mascarillas :/

  5. Anónimo dice:

    excelente articulo

  6. Anónimo dice:

    Excelente artículo, me he reído mucho,,que bueno todavía hay muchos que se atreven a decir la verdad sobre el engaño de la industria cosmética.

  7. Anónimo dice:

    Me encanto! debo aceptar que ya caí con una que otra crema y shampoo… :S lo pensare dos veces la próxima

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