Alone in the Bar
Desastre Pop
José Luis Manzano VI
Categorías: Cine

Los mismos que utilizaron la droga como medio de control social sobre una población juvenil desbocada, quisieron borrar del mapa todo rastro de sus maneras. Al principio de los 80 el plan había dado los frutos previstos. Cuentan los insidiosos, que policía y Estado se ayudaron de la heroína para frenar las alarmantes cifras de delincuencia juvenil en las grandes urbes. De paso terminaron con la alarma social que las noticias referidas despertaban en la población. Las memorias de Pepe Ribas, el fundador de la revista Ajoblanco, se hacen eco de estas y otras maniobras.

[…] la heroína es, además de un agente desmovilizador y de control orientado a justificar la represión mediante la aparición de delitos con los que se relaciona tautológicamente, una mercancía económicamente muy rentable para la banca y para sus “clientes especiales”. De hecho, como Burroughs seguramente dijo alguna vez, la heroína es la mercancía perfecta. Y crea al consumidor perfecto, aquel que ha reducido todas sus apetencias a una y que está dispuesto a hacer cualquier cosa para satisfacerla.

Al tiempo que las calles, los barrios y Carabanchel se llenaban con los primeros yonkis, los medios de comunicación dejaron de asustar a la población con noticias continuas de jóvenes tironeros y atracadores. Algo parecido a lo que sucedió hace poquito con la gripe A, que pasó de estrella informativa mundial a motivo de chiste.

El mismo poder y el mismo Estado que tanto ayudó a la introducción de la droga en España, quería cambiar la imagen de una sociedad juvenil delincuente primero y yonki después. En nada les beneficiaba aquello como reflejo de su gestión política. Cuando se percataron del boom creativo y musical de aquellos años, vieron la excusa perfecta. Utilizaron, ¿inventaron? a La Movida como se utiliza al KH-7 para limpiar la grasa del horno. En cuanto el poder quiso volverse moderno, La Movida terminó. Fue algo muy efímero, apenas unos años estirados después por el recuerdo.

Pero el plan volvió a funcionar. Las noticias y las películas sobre delincuentes y drogadictos se fueron extinguiendo. Pasaron de moda. Perdieron interés. Ahora lo que despertaba alarma social era el punk (otra vez llegábamos tarde), la contra cultura, los pelos de colores, la sexualidad dudosa de los ídolos musicales de nuestra juventud, las letras escandalosas de sus canciones… La aparición de Las Vulpes cantando “Me gusta ser una zorra” en el programa Caja de Ritmos de Carlos Tena en 1983, había iniciado este clima de nueva preocupación.

El famoso vídeo fue emitido un 16 de abril, un sábado por la mañana (horario infantil por antonomasia). La reacción pública no se hizo esperar y cientos de cartas indignadas llegaron a RTVE. Gente como Camilo José Cela, Paco Umbral, Rosa Montero, Antonio Gala, opinaron y despotricaron en diversos foros. A raíz de aquello se creó la “comisión por una televisión digna”. El diario ABC fue beligerante a más no poder con el asunto. Publicó multitud de artículos hablando sobre moralidad y pornografía musical. Tanto se encendió la cosa, que el Fiscal General del Estado (ese títere en manos del gobierno de turno), llegó a interponer una querella criminal contra el programa “Caja de Ritmos”. Dejó de emitirse de inmediato. La base legal sobre la que se amparó dicha querella, era el siguiente artículo del código penal:

El que de cualquier modo ofendiere el pudor o las buenas costumbres con hecho grave de escándalo o trascendencia incurrirá en las penas de arresto mayor, multa de 10.000 a 50.000 pesetas e inhabilitación especial. Si el ofendido fuere menor de veintiún años, se impondrá la pena de privación de libertad en su grado máximo, el arresto mayor supone una condena de uno a seis meses en la cárcel.

Este es el vídeo que cerró Caja de Ritmos e inició la “historia moderna” de España:

Todo eso sirvió para que una gran parte de la población tuviera un nuevo demonio sobre el que volcar iras y miedos. Y normalmente, para hacerle sitio a los demonios nuevos hay que despedir a los antiguos. La sociedad se olvidó de los quinquis para poder recelar de la música, el arte y del SIDA.

La terrible epidemia, por entonces de mortalidad segura y casi fulminante, apareció de repente ante la opinión pública y sirvió de apoyo a las teorías más rancias de esa sociedad ridículamente escandalizada por un grupo de cuatro chavalas de Bilbao.

El sida fue presentado durante mucho tiempo por los medios de comunicación y por algún supuesto especialista, como una enfermedad de drogadictos y maricones. Esos mismos medios a los que ahora podemos acusar de haber contribuido de manera rotunda a la propagación de la enfermedad por culpa de su información falsa, esos medios -decía- se excusan alegando que la epidemia empezó siendo mucho más frecuente en los citados sectores de población. ¿Y? ¿Esa es su coartada? Pues vaya. Si ya sabían que el sida se transmitía por el semen y la sangre… ¿es que los heterosexuales eyaculan zarzaparrilla? ¿acaso les corre horchata por las venas?

Hasta que Magic Johnson no salió en rueda de prensa reconociendo que era seropositivo, la inmensa mayoría de la opinión pública desconocía que también podía afectar a un heterosexual. Este señor, con dos cojones solamente, hizo más en favor de la prevención de la enfermedad, que 300 campañas del Ministerio de Sanidad y 156 fiestas benéficas para ricachones y famosetes.

Me había quedado comentando que el poder quiso coronar su Transición con algo más festivo que la delincuencia y la droga. Para ello organizó un plan de maquillaje y represión que disimulara sus malas artes cuando no las podía enterrar directamente. Gran parte de esta represión silenciosa estuvo orquestada por el poder político que, a la sazón, estaba en manos de un recién llegado PSOE. Este partido nos regaló una muestra perfecta de que los políticos en el poder son marionetas en manos de otro poder superior al suyo.

Su campaña  “OTAN no, Bases fuera”, seguida del inmediato y bipolar apoyo a la organización del Atlántico Norte, fue un cuadro vergonzoso muy típico en política. En ese clima de esquizofrenia institucional, todos los poderes fácticos se aliaron para maquillar lo que había sucedido apenas unos años atrás.

Gonzalo Goicoechea escribió:[…] en PRISA aplican sin piedad una política no escrita y que negarán – no es zorro el [Juan Luis] Cebrián-: nadie que haya tenido problemas con las drogas puede ser contratado bajo ningún concepto [en ningún medio de comunicación dependiente del Grupo Prisa]. Debe referirse la norma a los exheroinómanos, dada la cantidad de cocainómanos y alcohólicos que trabajan para LA MÁS PODEROSA.

Esta campaña se extendió a las productoras cinematográficas, que comenzaban entonces a tener suculentas subvenciones del gobierno para realizar sus películas, siempre y cuando se ciñeran a unas normas, claro. Y por supuesto en TVE, controlada siempre por el partido que gobierna en el momento, se aplicaron las mismas directrices.

Un ejemplo del daño que se hizo desde el ente público, fue la muerte del cine de género fantástico y de terror. En los 70 y primerísimos 80 había tenido un florecimiento sorprendente en España. Pilar Miró, directora del RTVE desde 1986 a 1989, se cargó las carreras de gente como Jess Franco o Paul Naschy. Decía la tontería supina de que el cine de género español era imitativo. El suyo a mis ojos era insufrible, aburrido y soporífero, pero nadie dijo nada. Era La Directora amiguísima del presidente.

El único protagonista de la época quinqui que se libró del ostracismo institucional fue José Luis Fernández “Pirri”, gracias al rescate que de su delgadísima figura hizo García Tola en el programa “Querido pirulí”. Pero estábamos ya en el año 1988 y por entonces no hacía falta olvidar a los quinquis. Vistos con perspectiva hasta eran graciosos. El Pirri apareció en tres programas haciendo críticas de cine muy personales y muy poco académicas. Una especie de proto-Cándida que murió al poco de volver a estar de actualidad. Ya es mala suerte.

Después de rodar “La Estanquera” José Luis y Eloy apenas se vieron más. Estaban los dos bastante enganchados. Eloy enfermo por su adicción, tuvo que retirarse del mundo del cine y del mundo en general. A Manzano, con su director de toda la vida en dique seco, con los problemas propios de cualquier heroinómano y con la campaña de eliminación del pasado que organizaron los que repartían el bacalao, casi nadie volvió a darle una oportunidad en nada.

Perdió, vendió, le quitaron -quién sabe- la casa que compró a su madre con lo ganado en el cine, y donde se refugió con parte de la familia. Eran nueve hermanos pero parece que en estos últimos tiempos no hubo mucho trato entre ellos. Su imagen pasó en poco tiempo de aparecer en las marquesinas de los cines, a acomodarse en la acera para pasar la noche.

En esa situación lo recogió un sacerdote de Getafe llamado Pedro Cid. Manzano guardaba muy buen recuerdo de aquel cura; el responsable de que antes escribiera eso de que “casi nadie volvió a darle una oportunidad”. Pedro Cid es el “casi”. Aunque también he leído, de la pluma otra vez del inflamable Gonzalo Goicoechea, que Cid tenía intereses en Manzano que iban más allá de la caridad cristiana.

Parece que Ramón Colóm también se apiadó de José Luis ofreciéndole  trabajo en una productora. Él y Pedro Cid fueron las dos excepciones. Pero de nada sirvieron las ayudas. Muchos de sus amigos habían muerto o estaban muriendo por entonces. Su fracaso matrimonial fulminante también mató gran parte de la autoestima que le quedara. En algunos sitios cuentan que durante el rodaje de La estaquera de Vallecas, se presentó una chica ante el equipo de la película que declaró a voces su amor por Manzano. En otros que fueron presentados por el productor del largometraje. El caso es que tras dos meses de convivencia como marido y mujer, la muchacha abandonó el domicilio de la pareja.

Su entorno se desmoronaba deprisa. La mayoría del reparto del cine quinqui estaba en situaciones delicadas. Algunos tuvieron más suerte o más cabeza. Quique San Francisco, por ejemplo,  nunca fue un tirado y pudo recibir ayuda de su entorno. Por cierto, San Francisco tampoco sale muy bien parado del recuerdo de Gonzalo Goicoechea. Fueron muy amigos años atrás.

Gonzalo Goicoechea escribió: Hace muchos años que no me relaciono con Enrique San Francisco. No tengo mucho interés; supongo que él, tampoco, básicamente porque ya no sigo escribiendo guiones. No creo que Quique haya sabido nunca en qué consiste la amistad

Antonio Flores contó con los hermosos recursos familiares y con la imprescindible ayuda de su madre. Tan imprescindible que cuando faltó, no pudo seguir.

Gonzalo Goicoechea escribió:Recordar a Antonio Flores me llena de melancolía y tristeza porque era tan buen chico, tan agradable, tan artista, tan afectuoso (de momento no puedo contar nada más porque me atacan las lágrimas y tiemblo). A ver si me recupero un poco más tarde.

Ese extraño mural pertenece a la iglesia de Getafe de la que Pedro Cid era Vicario. En la posición donde suele aparecer San Juan Evangelista (el discípulo bienamado de Jesús según su propio evangelio), vemos una figura que tuvo como modelo a José Luis Manzano. El señor que pintó el mural debe ser el mismo que hace las horrendas figuras del museo de cera de Madrid. Modelo y retrato no se parecen mucho, más bien nada. En el pelo rizado si acaso. Pero ahí está San Juan Manzano. En la Última Cena y a punto de ser atacado por los extraterrestres de “Señales”.

El sacerdote Pedro Cid también acogió a la madre de José Luis, que al parecer llevaba muchos años con problemas alcohólicos. Manzano casi consigue dominar a la heroína. Casi. Al principio de los 90 regresa a Madrid desde Getafe, tampoco se fue muy lejos, bastante recuperado. Quiere buscar trabajo en el cine. Pero el cine le daba por muerto.  De nuevo coincide con Eloy de la Iglesia que ya había regresado de Zarautz desintoxicado, o eso dicen.

A través de Pedro Cid, Manzano pudo acceder a un proyecto de ayuda a drogodependientes. Consiguió deshacerse del caballo, pero la cocaína se convirtió en tormento nuevo. Cuando intentaba buscar algún camello que la vendiera, encontró a otro toxicómano que lo reconoció. Este pájaro se ofrece para llevarlo ante un traficante de su conocimiento. Por el camino resulta que aborda a un transeúnte. Un vulgar atraco con jeringuilla en el pescuezo. Al poco de cometer el delito son detenidos por un policía de paisano.

Aunque no tenía antecedentes le caen 18 meses de cárcel. Directo a Carabanchel. Allí vuelve a consumir heroína, y de esta ya no saldría. Lo trasladan a Yeserías en régimen abierto. Desde la cárcel, desesperado, sin un duro y buscando ayuda una vez más, concede una entrevista a Interviú.

Esa oportunidad nunca apareció. Al rechazo de casi todo el mundo, se unió la necesidad de ocultar bajo la alfombra los pecados de La Transición que comentaba al principio de este artículo. A los artífices del cine quinqui les fue muy difícil, cuando no imposible, volver a la industria, si es que puede llamarse industria al limosnero cine español. Nadie que hubiera tenido que ver con el mundo de la droga -heroína- tenía cabida en la modernidad artificiosa que la política fabricó para disimular sus malas artes. Este escenario se juntó con los múltiples tumbos y tropezones de Manzano. Porque al final todos somos esclavos de nuestra vida. Y lo cierto es que José Luis arruinó la suya.

En la foto de arriba lo vimos por primera vez. Es la escena de Navajeros en que El Jaro se gira hacia la cámara y demuestra con el gesto que es un tipo duro. Tenía 17 años. En muchos sitios de esta internet, se cuenta que Manzano apareció muerto en el mismo descampado donde antes encontraron el cuerpo de su amigo y compañero “El Pirri”. No es cierto. Es otro invento tóxico de alguien muy tonto. Es de tontos no comprender que la vida y la muerte de José Luis no necesitan ningún añadido para convertirse en una historia digna de ser contada.

Ahí está en aquella casa que Eloy tenía a orillas del Manzanares. Antes de rodar Navajeros. Cuando vivían juntos y el futuro más próximo les sorprendería gratamente. Hacía un año y algo más que se conocieron en la primavera de 1978. Por cierto, a pesar de lo que se puede leer por ahí, Manzano no era un delincuente juvenil. Cuando Eloy y él se encontraron por Vallecas, José Luis no estaba pendiente de ser juzgado por ningún robo, ni hurto, ni atraco, ni nada. Era un chaval que probablemente consiguiera algo de dinero de vez en cuando de forma poco ortodoxa, pero nada más. Aunque eso fue hasta que la droga y la ausencia de trabajo no le dejaron muchas opciones.

La entrevista de Interviú se publicó tras su muerte. Al parecer, lo encontraron muerto sentado en la taza del váter, con una jeringa clavada en la rodilla. Era 20 de febrero de 1992. Tenía 29 años. Tras un tiempo, el alquiler del nicho donde fue enterrado caducó. Nadie renovó la propiedad de la tumba y sus restos descansan en la fosa común del cementerio. De José Luis Manzano allí no queda ni una lápida, ni una foto, ni un nombre.

Galería de José Luis Manzano Agudo (click para ver)

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3 Ocurrencias en “José Luis Manzano VI”

  1. Anónimo dice:

    Sin duda el mejor de toda aquella generacion ”quinqui” al menos el que mas talento natural tenia como actor….una pena que cayese como todos los demas,de haber tenido algo mas de suerte (y de cabeza) hoy seguiria vivo y habria sido un gran actor reconocido,lo que queda de el son sus peliculas y el recuerdo de alguien que fue el icono de una generacion perdida.

  2. Anónimo dice:

    Verdadera lástima!!! Gente como Toño de Burning, Manzano, y un largo etc de esos finales de los 70, y principios de los 80. Cayeron como moscas, fruto de una sociedad ignorante, de unos prejucios adquiridos durante años. España se despertaba de un largo sueño, pero a qué precio. Después de tantos años, miro hacia aquellos años con un gesto de melancolía, con la música de los Burning sonando y con el paisaje de algún barrio del extrarradio de aquel Madrid de entonces.

  3. Anónimo dice:

    De lo mejorcito que he visto, a parte de ser cine realista y muy interesante, tenía unos actorazos que a pesar de su falta de profesionalidad le pegaban mil patadas a muchos famosillos. Haciendonos pasar malos momentos pero también muchos buenos, sobre todo con “El Pirri” que con su voz peculiar y su chulería natural al menos a mi, me ha hecho pasar muy buenos momentos, Jose Luis Manzano era también un actorazo, quizás de los más serios, pero no menos interesante, todos los buenos se van, pero fue decisión de ellos aunque una decisión mentalmente borrosa, no creo que al final disfrutasen mucho con lo que tenían encima. Yo sigo viendo sus películas y sigo disfrutándolas desde el primer momento…

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