Alone in the Bar
Desastre Pop
José Luis Manzano II
Categorías: Cine
Eloy de la Iglesia, un tipo listo y valiente, quería hacer una película para contar la historia del Jaro aprovechando el tirón mediático del personaje. Este señor decidió que sería muy interesante contar con actores no profesionales. Con chavales de la calle, que conocieran de primera mano las historias que iban a interpretar y transmitieran verosimilitud a los personajes. Esto es algo común en el cine quinqui y una de las razones por las que el género no tuvo continuación. Pasolini -con el que de la Iglesia coincidió en lo artístico y personal- también optó por reclutar a chavales sin ninguna formación dramática para muchas de sus películas. La foto de abajo, que corresponde a la peli El Decamerón del director italiano, podría ser perfectamente una escena de Navajeros o de Colegas.

Eloy de la Iglesia se da una vuelta por Vallecas poniendo mucho interés en los muchachos que se cruzan con él, y por allí pasó Manzano. Por lo visto se cayeron bien. Comenzó una historia que duraría casi 10 años, con muchas luces y bastantes sombras, y que fue más allá de lo profesional.

[…] voy a decir muy por encima lo que sé ya que fui amigo de Gonzalo Goicoechea(guionista de muchas pelis de Eloy de la iglesia) […].Pues que no hubo relación sentimental entre Jose Luis y Laly Espinet… La única relación sentimental que tenía Jose Luis Manzano era con Eloy de la Iglesia que duró desde que se conocieron hasta 1986 y luego en 1987 se casó con una chica que se la presentó Angel Huete, productor de “la estanquera de vallecas”.
En las entrevistas que concedieron tras el estreno de Navajeros, José Luis y Eloy contaron a la prensa que el director conoció a su actor fetiche en un casting realizado ex profeso para reunir al reparto que interpretaría la historia del Jaro. Pero ya digo que no fue así. Se conocieron en la calle. Antes de empezar el rodaje de Navajeros, convivieron durante un año y pico en la casa que el director tenía al lado del río Manzanares. De aquella época es la foto de arriba.

Y por fin hacen la película sobre el Jaro. El género quinqui estaba en su máximo apogeo en 1980. En parte por el tremendo éxito de Perros Callejeros, y también porque la delincuencia juvenil era un tema de actualidad que explotó en las narices de una sociedad bastante paleta. Me explico. A mediados de los años 60, las grandes ciudades empezaron a llenarse con mucha población forastera proveniente del medio rural. Se asentaron en las afueras, en barrios como Ciudad Lineal, San Blas y Vallecas en Madrid. En Barcelona el barrio de La Mina sería el principal receptor de esta inmigración.

Estas gentes recién llegadas se encontraron con un entorno muy distinto al suyo. Muchos comenzaron acoplándose en chabolas primero; luego fueron realojados en los pisos que construyeron deprisa y mal en las zonas de la periferia en régimen de alquiler. La inmensa mayoría de ellos eran incapaces de asimilar la idea de vivir en una casa que no era de su propiedad. El objetivo principal de estas familias fue comprar un inmueble en la ciudad; en aquellos pisos tampoco es que pudieran vivir con facilidad dos o tres familias, la verdad. Daba igual como fuera o donde estuviera, lo importante es que la casa les perteneciera. Las escrituras. Tener un lugar donde caerse muerto. Todo lo demás se hizo sacrificable en pos de ese objetivo. Muchos lodos del actual sistema inmobiliario español, vienen de los polvos de aquella mentalidad rural sacada de contexto.

Los maridos empezaron a trabajar en lo que podían, principalmente en la construcción y en el sector servicios. En aquellos años se dio el primer boom urbanístico en España, que comenzaba a descubrir las bondades del turismo. Carreteras, hoteles, ciudades dormitorio… la cosa parecía ir bien. Pero llega 1973 y estalla la crisis del petróleo. Aquella crisis energética supuso la mayor depresión económica global después de la Segunda Guerra Mundial. Aquí se nos junta con la crisis política e institucional que supuso la muerte de Franco en el 75. El sueño de prosperidad se desvanece. Muchos padres de familia quedaron en el paro, muchas madres tuvieron que ponerse a trabajar en lo que fuera para sacar adelante a la familia.

Para rematar el asunto, en 1979 estalla la segunda crisis del petróleo. Los más vulnerables fueron los de siempre. Muchos de aquellos hombres de la periferia que de pronto se vieron sin trabajo, ni dinero, ni casa… no supieron qué hacer. Y no hicieron nada. Bueno, algunos sí pero digamos que no eran actividades muy honradas a lo que se dedicaron. Normal. Las madres -abandonadas muchas por maridos alcohólicos, destruidos o presos-, se vieron incapaces de criar y educar como les hubiera gustado a un montón de hijos. Estos eran fruto de la explosión demográfica en época de vacas gordas –baby boom– originada a finales de los 60 y que se extendió hasta el 75. Muchos venimos de aquella locura paritoria.

Y parece que cuanto menos tienes, más follas. Aquellas familias del extrarradio estaban infectadas de chiquillos que llegaban a la pubertad con padres parados, derrotados… Crecieron sólos en mitad de descampados, rodeados de bloques de viviendas simétricos, enormes y feos. Aquello fue el germen del movimiento quinqui. Muchachos que para colmo de males se encontraron de bruces con unas sustancias nuevas de las que se conocían los efectos pero no del todo las consecuencias.

Drogas en forma de pastillas tipo Maxibamato, Centramina, Bustaid, Minilip, Rohypnol oDexedrina. Anfetaminas utilizadas para eliminar el hambre en procesos de obesidad o borrar la tristeza depresiva. Se compraban con facilidad pasmosa en las farmacias y se recetaban alegremente. Otro rey de la baraja fue el cannabis-chocolate, y sobre todo una recién descubierta por estos lares. La heroína.

Estos ingredientes crearon una juventud desarraigada, sin ejemplos, sin normas y sin nadie que los contuviera. Habían nacido los quinquis. La prensa, la tele y el cine no tardaron en hacerlos protagonistas de una sociedad tan adolescente y desorientada como ellos. La policía en principio se vio totalmente sobrepasada por el fenómeno. Las leyes estaban desfasadas para legislar con eficacia ante la situación. Los padres cuando no estaban trabajando o borrachos o en la cárcel, eran incapaces de transmitir una educación que tampoco tenían. Encima se vieron retratados desde dentro en todos los medios. Ellos se convirtieron en sus propios héroes. El Vaquilla, El Torete, El Jaro, El Pera, El Guille, El Pesicolo, El Fitipaldi, El Peque… fueron los Jonas Brothers de la época.

Un superviviente de aquellos años escribió:El Peque, (Francisco Tellez) era realmente malo, tenía malos instintos, un hijoputa en toda regla; a un homosexual muy conocido en el barrio, después de matarlo a puñaladas, le sacó los ojos, le robó la casa y la prendió fuego.

Y en medio de aquel sindios, estalló el fenómeno del cine quinqui. Cuando Eloy de la Iglesia estrenó Navajeros en 1980, media España fue a verla. Además de la rabiosa actualidad del argumento, la peli tenía otros alicientes. Eran las primeras veces que se veían escenas como esta:

Aquel muchacho de pelo rizado que hacía del Jaro, se convirtió al instante en un ídolo para los choros del país, y en un icono sexual para otra parte de la población. Lo de icono sexual no es que lo diga yo alegremente. El muchacho dio que hablar, y de muestra pongo un botón:

Una portada de la que probablemente fue la primera publicación gay editada en nuestro país. La revista Party salió al mercado a finales de los años 70. Tenía una distribución muy limitada. Unos pocos kioscos en grandes ciudades fueron los únicos que se atrevieron a venderla al principio. Y eso que en sus primeros números las portadas estaban dedicadas a guapas mocetonas de senos generosos, para disimular el contenido y que fuera menos vergonzoso comprarla. En la entrevista que le hacen, José Luis declara:

Yo no sé porque son tan escandalosas las películas de Eloy, te aseguro que no lo pretendía en absoluto. Las historias que cuenta son absolutamente reales y la gente joven , en las grandes ciudades, fuma porros, se pincha, hace el amor con chicos y chicas y si no tienen otra salida se entregan a la delincuencia. Vivimos en una sociedad que se molesta mucho cuando se habla de drogas, pero es ella la que esta completamente drogada y la que mueve hábilmente los mecanismos para que se consuma.
Parecía bastante espabilado José Luis. Reconoce como normal lo que veía a su alrededor. Los porros, los trapicheos, acostarse con quien se pueda… A pesar de que la sociedad de la época era bastante más homófoba que la de ahora, Manzano nunca hizo el paripé de macharro que tan bien interpretaron e interpretan aún hoy muchos otros. Esa transparencia terminaría por resultarle demasiado cara.
Pero vamos a lo que vamos. La película Navajeros está considerada por muchos -y por el que esto escribe- la mejor del género quinqui. No es una obra maestra del celuloide, ni que decir tiene. Sus principales defectos son una constante en todas las películas de este tipo, a saber: montaje y doblaje.

El montaje es atropellado, fullero. No es que falle a la hora de enlazar escenas, en crear un ritmo narrativo; que a veces sucede pero en mucha menor medida que en… Perros Callejeros por ejemplo. Navajeros tiene una narración ágil y entretenida. Pasan un montón de cosas una detrás de otra sin darte apenas descanso. En ocasiones puede saturar, pero es preferible eso que los tiempos muertos. Yo lo prefiero claramente al menos, sobre todo en una película con esta temática. Los mayores fallos de montaje son cosas muy básicas. Escenas mal terminadas, mal cortadas. Como si en la sala de montaje hubieran ido a la velocidad del rayo. El montaje sonoro está también descuidado en ocasiones. Canciones o músicas que terminan de golpe porque la escena para la que sirven de banda sonora termina también. Vamos que no sabían lo que era un “fade-in” o un “fade-out“, y la sensación resultante es de coitus interruptus, que siempre da mucha rabia.

Lo del doblaje me parece el mayor lastre con el que debió cargar el género y la mayoría del cine español de la época. Antes de 1982, la mayoría de las películas se rodaban en mudo, sobre todo si no había una producción generosa, que era casi siempre. Se recogía el sonido ambiente de la calle o del lugar donde transcurre la escena para luego utilizarlo de referencia. Pero las capacidades técnicas de las cámaras con las que trabajaban los directores de la época, no llegaban muy allá que digamos. El sonido que recogían -y no todas tenían esa capacidad- era demasiado pobre como para conseguir diálogos inteligibles en exteriores. Las “jirafas” por entonces, eran animales africanos nada más.

Conclusión: a doblar las películas. Y algunos doblajes… merecen la cárcel. Existía por entonces cierto regusto rancio para las voces, cierta tendencia a la dicción exagerada, a la entonación teatrera. Y algo que hizo mucho daño al cine: la puta manía de poner a una mujer doblando a un niño o a un adolescente. Que ves la peli y se nota a la legua que eso no cuadra por ningún lado, pero en fin. En Navajeros, la voz del Jaro no es la de José Luis. Pertenece al actor Pedro Mari Sanchez, antiguo “niño prodigio” del cine español -fue Críspulo en La Gran Familia– y conocido actor de teatro.

Sin embargo la voz de Manzano aparece en la película Navajeros. Dobla unas pocas frases de un muchacho que aparece al final. Era su primer trabajo y no estaba preparado para doblar todo el metraje. Al poco de conocerse, Eloy de la Iglesia lo apuntó a una academia nocturna para que aprendiera a leer. Iba a ser muy difícil que interpretara un personaje si era incapaz de leer el guión. Y José Luis resultó ser bastante listo. Aprendió rápido. Llegó a doblar a su personaje en las películas Colegas y El Pico. Demasiado bien le sale. Mucho mejor que a Antonio Banderas cuando se dobla a sí mismo en Entrevista con el Vampiro, por ejemplo.

Una de las actrices principales de Navajeros es Verónica Castro, la que fuera Mariana Villareal en una de las telenovelas más exitosas de todos los tiempos.

Recién terminaba de grabar los ciento y pico capítulos del culebrón (1979), cuando participó en la película de Eloy de la Iglesia (1980). Aquí no era conocida porque no se había emitido el serial, lo haría en 1986.

El País escribió: Barcelona – 13/01/1986
JOSÉ MARIA VILLAGRASA. La producción mexicana Los ricos también lloran, de 139 capítulos de media hora de duración, que inaugura hoy, a las 9.30, la ficción matinal televisiva, constituye una novedad en la programación de Televisión Española. Las telenovelas de un dilatado número de entregas y de fácturación latinoamericana estaban prácticamente vetadas en la oferta de Prado del Rey. Se ha precisado una demanda continuada de consumo de folletín para facilitar el acceso de estas particulares realizaciones.

Esta actriz es de lo mejorcito de la peli, en serio, lo hace genial. Y eso que está doblada de forma algo regulera como el resto del reparto. Pero su interpretación de una juerguista, vividora y de carácter agrio, es bastante creíble. Lo peor de Verónica Castro, es que es la madre de Cristian Castro, que nos torturó durante meses con aquella canción insufrible, Azul, y nos produjo sordera transitoria con su falsete similar al sonido que emite un roedor de tamaño medio al ser aplastado de forma repentina con el zapato.

Se estrena Navajeros y es un éxito. Un exitazo. A José Luis Manzano comienzan a reconocerlo por la calle, “mira, ese es el Jaro” cuenta el actor que escuchaba murmurar a su paso. Tenía 17 años. El subidón de amor propio tuvo que ser hermoso. Y lo llaman para hacer otra película. También del género quinqui pero esta vez en la Ciudad Condal. Barcelona Sur se llama el largometraje del año 1981 que vuelve a poner a Manzano en la piel de un muchacho marginal. La película parece ser que es un bodrio de mucho cuidado. Es la única que no he visto del actor. A pesar de que la ponen a parir en todos los sitios, terminaré por darle un vistazo. Sí o sí.

Al año siguiente, 1982, vuelve a grabar con de la Iglesia la película Colegas. Aquí comparte cartel con Antonio y Rosario Flores -que conservan su nombre real en los personajes que interpretan-. Según parece es durante el rodaje cuando empieza el tonteo con la droga dura. Hasta entonces José Luis fumaba porros a los sumo, pero ya se sabe; se empieza con los porros y terminas inyectándote marihuana en la vena, que dicen las gentes doctas. Otro actor de la peli fue el que, al parecer, inició a todos en el rollo de la droga dura. Era José Luis Fernández ’Pirri’. En mitad del rodaje, en un descanso entre escenas, sacó la parafernalia que va unida a eso de meterse un pico y dejó boquiabiertos -algo encandilados también- al resto del personal. Antonio Flores ya conocía el percal, pero fue durante el rodaje de Colegas cuando comenzó a peligrar el futuro de todos.

Continuará.

Relacionado... de alguna manera:

8 Ocurrencias en “José Luis Manzano II”

  1. Anónimo dice:

    Hola Buenas!
    Estoy INTERESADISIMO en la Revista Party en la que sale José luis Manzano. Sabrias donde puedo conseguirla?
    Sería muy importante para mi!
    Si puede, pongase en contacto conmigo, por favor.
    Muchas Gracias!

    Es una Gran Blog. Enhorabuena!

    • Grushenko dice:

      Hola. No te puedo ayudar. Desconozco la forma de encontrar el número de la revista que dices. Así de primeras he buscado en eBay (España) y no hay nada. Después intenté la poca cosa de escribir en Google “comprar revista party Jose Luis Manzano”, y los tres primeros resultados son de este blog. Así que de momento… Si me entero de algo, te contaré. Saludos.

    • Anónimo dice:

      En cualquier hemeroteca. Las hemerotecas son publicas y de libre acceso y en ellas encontraras todo lo que se haya publicado en papel. Solo has de saber el número o la fecha de ese ejemplar de PARTY que qyueres encontrar. Alli luego podras fotocopiar lo que quieras llevarte a casa

  2. Anónimo dice:

    Hola
    qué blog tan interesante!!! He aprendido muchas cosas leyéndote, muchas felicidades por tan interesante trabajo.
    Saludos

  3. Anónimo dice:

    Hola, el piso de Eloy de la Iglesia al que haces referencia en un par de entradas de este interesante blog, no estaba cerca del Manzanares, sino que estaba cerca de la Estación de Atocha, concretamente en la Calle Rafael de Riego, 5, 3ª derecha exterior. Allí fue donde apareció el cadáver de José Luis, en el baño, con una aguja clavada en la rodilla. El hecho de que muriese en aquel piso propiedad de Eloy (se cuenta que éste pudo encontrarse en el piso cuando se produjo la muerte) quiere decir que podrían haberse reconciliado, o al menos retomado la relación entre ambos. Ese es un tema que no tengo claro y sería bueno investigar para saber qué paso con José Luis durante los días transcurridos entre su salida de la cárcel y el día de su muerte.

    • Grushenko dice:

      Tienes razón. Que el piso se levantaba cerca del Manzanares lo leí en una entrevista a Eloy de la Iglesia ilustrada con las fotografías de José Luis y Eloy previas al estreno de Navajeros. El periodista que hizo esas fotos aseguraba que lo más bonito del inmueble era la presencia de Manzano. Desconozco si el hombre estaba desorientado o si Eloy cambió de piso después de aquella entrevista.
      Lo cierto es que el cadáver fue descubierto en la dirección que señalas. Gracias por el apunte.

  4. Anónimo dice:

    Me está encantando tu reportaje sobre José Luis Manzano, le descubrí hace poco en Colegas y me encantó. Además es información que como dices, no encuentras en Wikipedia ni en ninguna otra parte.

    Muchas gracias!

  5. Anónimo dice:

    El piso del Manzanares, en la calle Antonio López, era en el que vivía Eloy cuando conoció a Manzano, después se mudaron a otro piso cercano de alquiler y años más tarde Eloy vendió el piso del manzanares, que era de su propiedad, y adquirió el de atocha, donde murió el infortunado Jose

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