Alone in the Bar
Desastre Pop
El Exorcismo de Isabella
Categorías: Cine

Me veo sobrepasado por completo. Voy a ser incapaz de transmitir la magnitud del engendro a modo de largometraje que el director Ethan Wiley perpetró en el año 2007.

Al ver la película, da la sensación de que Ethan Wiley sufrió una ceguera total y repentina al inicio del rodaje. Lo mismito que le sucede al personaje de Woody Allen en “Un final made in Hollywood”. Es inexplicable la cantidad de errores de guión, los fallos de racord, las situaciones absurdas encadenadas, los personajes subnormales… No sé muy bien por dónde empezar. Lo haré por el principio.

 

El obispo Jason Spadafore es… tonto. Tontaco. Lo mismo es una persona resuelta en otros menesteres, pero supervisando ritos recreados en películas, es un absoluto inútil. Un torpe. El exorcismo -por decir algo- que aparece en la película, es como un sketch de algún programa de televisión presentado por María del Monte. Da  más risa que miedo.
La película en sí produce muchísima hilaridad. La he visto varias veces con grupos de amigos y nos hemos partido el culo a lo bestia… sin montar ninguna gangband ni nada. La única escenucha que puede generar algo de tensión consiste en un pequeño crucifijo colgado en la pared, que de repente se descuelga y queda boca abajo. ¡Ooooooooh qué sorpresaza más original! Todo lo demás es un festival del humor sin proponérselo.

Precisamente ahí, en lo que la película se propone, está el mayor desatino. Si la hubieran enfocado como una sencilla serie “z” de terror, con sus sustos de toda la vida del tipo: “estoy buscando de dónde viene ese ruido y de pronto sale un gato de debajo del horno y la música hace ¡chanchán!“, si hubieran metido algún hachazo con el consiguiente churrete rojo chillón… en fin lo normal.

En ese caso la película hubiese sido la típica cinta de terror que uno ve para pasar el ratillo porque no hay otra cosa que ver. Pero no. Que va. Los responsables de esta barbaridad tenían unas pretensiones que estaban muuuuuucho más allá de sus posibilidades técnicas y artísticas. Ellos pretendían hacer un drama psicológico introspectivo acerca de los demonios interiores que todos tenemos. Aquello que se oculta porque es sucio. El tema de la posesión es una especie de excusa para sacar a la luz los dobleces de las personalidades de los protagonistas. Y claro, apuntando tan alto no es que se queden a medio camino. Es que ni siquiera arrancan.
 

¿Pero cómo va a acudir la muchacha, si no os ponéis de acuerdo pa llamarla? Estos dos personajes que la buscan al inicio del film… son… mira es que no puedo.

El del look Brokeback Mountain se supone que es el guapo de la peli. En realidad es “el que tirita de frío“.  Por exigencias del guión supongo, debe enseñar la camiseta interior en todas las escenas en que aparece. Como se verá más adelante, cuando rodaron la película debía ser invierno cerrado con una ola de frío polar de la hostia, y hay secuencias en que lo vemos con ¡tres cazadoras! una encima de otra. Eso sí, desabrochadas hasta la ingle para lucir la camiseta. El otro personaje es Miguel y no hay nada más que decir. Bueno, hay que decir muchísimo de este hombre pero lo dejaré también para más adelante. He pensado que voy a seguir un orden cronológico en los vídeos y los comentarios porque de no hacerlo así me perdería. Voy por orden. Estos pavos están buscando a Isabella por el monte. La encuentran muy perjudicada y en camisón. La llevan a casa, y cuando se acerca la madre preocupada para ver lo que le pasa a la chiquilla, va Isabella y dice la frase inmortal que pasará a la historia del cine:
 

¡Me he comido un conejo!

Pero ¿cómo puedes presentar al personaje protagonista de la historia con esa frase? Teniendo en cuenta que es una peli de terror, claro. Si estuviéramos hablando de “Exorciza como puedas”, vale. Pero es lo primero que dice Isabella en todo el film: ¡me he comido un conejo! Quitando las connotaciones sexuales chungas de “comerse un conejo” y tener esa boca llena de sangre, nos quedan sólo connotaciones absurdas. Y atención al personaje que acompaña a Isabella. Es su padre, otro del que hay que hablar largo y tendido.

El muy imbécil la recoge, acompaña a la conejicida a la casa con la pinta que lleva, y no es capaz de preguntarle “¿pero nena y ese hocico de sangre a santo de qué?” Cuando la madre pregunta: “Oh dios mío, ¿qué te ha pasado?, va él y dice: “todavía no lo sé”. Y ¿a qué esperabas para saberlo? So imbécil.

El personaje del padre es el más odioso que me he encontrado en la historia del cine. De verdad. Es tonto, desagradable, paranoico, violento, amargado, no sirve para nada más que empeorarlo todo. Cuando da las gracias lo hace con los dientes enclavijados, como si en lugar de demostrar gratitud estuviera deseando una muerte horrible a su benefactor. Puede que la culpa del desastre no recaiga sólo en el guionista y el director. Los actores de la cinta son unos auténticos negados

No tienen ni puta idea de lo que están haciendo. Como será la cosa, que de los tres nombres que aparecen en la portada como reclamo estelar, dos de ellos no tienen más de cinco minutos de papel. James Russo, el único medio respetable, hace de un obispo que aparece al principio para ofrecer una beca al cura exorcista. Una escenita y no vuelve a salir.

El otro es Jeffrey Combs, que consiguió notoriedad en el mundillo  del terror de sangre y vísceras, en los años 80, cuando protagonizó la divertida Reanimator. Después ha salido en multitud de secuelas de la primera y en otros tantos horrores de dudosa catadura. En la pelique nos ocupa hace de sheriff. Un papelón. Pongo cuando llega a casa de la posesa, en parte como resumen de la multitud de escenas iguales que hay en la cinta -un coche que llega desde lejos y luego aparca-, y en parte porque es casi la única vez en que la cámara se mueve con algo de gracia.

 

Pero lo mejor de su personaje lo podemos disfrutar los hispano hablantes gracias al terrible doblaje que, para colmo de males, tiene el film. Creo que a Jeffrey Combs lo dobla el mismo que le pone la voz al “guapo descamisado”. Esto es algo habitual en los videojuegos y en las series de dibujos animados, que un mismo doblador se encargue de varios personajes. Pero en una película es mucho más excepcional. Aquí se debe sin duda al escaso dinero que la distribuidora estaba dispuesta a gastarse en semejante bodrio, que en muchos países no sería ni estrenado en cines. Es de las películas que pasan directamente al mercado DVD. Atención al esfuerzo que hace el pobre -e inútil- que dobla a Jimmy para cambiar la voz. Parece el niño del chiste aquel que cuando llaman al timbre de su casa, contesta poniendo voz de hombretón: ¿Quién llama… a peta? Quiere simular una voz mucho más grave, ronca e interesante de la que en realidad tiene. Y lo hace tan mal que canta demasiado.

 
¡Qué vozarrón tan natural! Bueno pues el sheriff se va corriendo y ya no aparece más hasta el final, en otra escenita más breve que esta. Eso sí, en el cartel su nombre sale en todo el centro, como si fuera Keanu Reeves en Matrix. Os habréis fijado que Isabella ya aparece endemoniada. El conejo le ha sentado fatal y se le pone una voz rara. No voy a decir mucho más de ella porque en realidad su personaje es como un 0 a la izquierda. La película podría ser exactamente igual si en lugar de una joven poseída en una habitación, estuvieran las hermanas Hurtado haciendo croché en el mismo cuarto. Otro ejemplo de torpeza en la realización, lo contemplamos en el detalle de las fotos en la puerta de la habitación de Isabella. Las personas normales decoran su alcoba “por dentro”. Vamos, que si pones un poster de tu ídolo o las fotos de los colegas, las pondrás de manera que al cerrarla y quedarte en la intimidad de tu cuarto puedas disfrutar de su contemplación. Bueno pues no. Isabella es muy suya y las pone por fuera.
 
Cierto que en muchas pelis hemos visto las costumbres tan territoriales que tienen los americanos con sus habitaciones, y muchos jóvenes ponen el típico letrero de Keep Out, o Beware the kid y cosas del estilo. Pero esto ya es pasarse.

Otro punto en donde falla claramente la cinta es en el tono con que nos cuentan la historia. La manera en que el director enfoca los hechos. Por ejemplo, en “La vida es bella” se nos narra un dramón en tono de comedia. Aquí parece que en ocasiones al dire se le olvida que está haciendo una cinta de terror, o un drama intimista da igual. Introduce recursos típicos de la comedia tontorrona tipo “Los albóndigas en remojo” sin venir a cuento, que quedan fatal y te rompen la escasísima tensión que pudiera haber.
 
 

Bueno, bueno, bueno; el ser que se ha visto al final del último clip, es ya… el acabose. La verdadera estrella de la peli. Ese personaje secundario que traspasa la pantalla y al final se come con patatas a los protagonistas. El que se queda en el recuerdo del espectador al abandonar la sala de cine. Una especie de Antonia San Juan en “Todo sobre mi madre”. Es EL VETERINARIO.

Antes he dicho que iba a escribir este post en orden cronológico, según suceden los acontecimientos. Pero me voy a contradecir a mí mismo y guardaré lo mejor para más adelante. Los clímax hay que dosificarlos en el tiempo. En su lugar hablaré de la mayor muestra de incompetencia e ineptitud cinematográfica de la que adolece “El Exorcismo de Isabella”: la incoherencia de los personajes.

Vamos a ver, es normal que las personas cambien con el tiempo y evolucionen, como La Niña Pastori que cada vez es menos niña y más pastori. Pero los protagonistas de esta cinta no es que cambien o se desarrollen, es que dan tumbos. Se llevan la contra a sí mismos. Pasan de opinar o hacer una cosa determinada, a realizar lo totalmente opuesto dos escenas después. Como si hubieran escrito el guión sobre la marcha, a voleo, sin tener en cuenta las páginas anteriores. El resultado son unos personajes inverosímiles que se mueven sin criterio. Que parecen aquejados de alzheimer o demencia senil, y que conforme avanza el metraje parecen más subnormales. Ejemplos:

-El cura exorcista, al principio rechaza una beca prestigiosa y bien dotada -por la que pelean multitud de seminaristas- para especializarse en Exorcismos, claro. Pero él se siente ofendido en su racionalidad y le dice al obispo que no cree en esas cosas, que la psicología ha avanzado muchísimo y que bla, bla, bla. Rechaza la beca. Giro radical un poco después: nada más llegar a la casa de Isabella y tras hablar con ella menos de dos minutos, sale de la habitación y llama corriendo al mismo obispo para pedirle autorización para realizar el exorcismo.

Ha cruzado tres frases con la niña y ya está totalmente convencido de que está endemoniada. El obispo le cuenta que tiene que tener el visto bueno del Vaticano y se desespera muchísimo porque dice que la muchacha no puede esperar. Que presenta todos los síntomas de posesión. ¿Pero qué síntomas son esos so inútil? A sí calla, que arroja peluches con una fuerza maligna.

 

Sí, sí, lo que le tira es un peluche. Mire usted que maldad, vamos para matarlo si le da en la sien. Y el cura cierra la puerta como si dejara encerrada dentro a Condoleezza Rice desnuda; con un pavor enorme. Otro ejemplo de estas inconsistencias lo vemos en el personaje de Miguel, un hombre que no se sabe lo que pinta en mitad de la historia. Parece que se dedica a cuidar de los caballos o algo así, pero tampoco lo aclaran nunca. Para qué. Sabemos que es mejicano por el bigote y porque lo dobla alguien que debió ser fan de Bigote Arroceten su etapa estelar del Un, Dos Tres.

En algunas escenas esperé que dijera algo como piticlín, piticlín, pero no. Al principio vemos como Miguel, muy solícito, se ofrece para ayudar a Isabella con su posesión de andar por casa. Entra el solico a la habitación, le reza, le pone un ungüento en la llagas que casualmente siempre lleva encima por si acaso topa con una posesa, y da consejos a todos sobre lo que hacer. Un poco más avanzada la historia, el sacerdote le pide ayuda para realizar la tontería de exorcismo que hacen, y Miguel se niega en redondo. Que no y que no y que no. Nada. Le cuesta Dios y ayuda convencerlo para hacer algo que poco antes ya hizo de motu propio. Como los críos de cuatro años.

Otro punto buenísimo de Miguel son los consejos que da a la familia sobre como tienen que tratar a Isabella. Les cuenta que no deben escuchar lo que dice.Que el diablo es un mentiroso y buscará sus puntos débiles y patatín y patatán. Bueno, pues nada más entrar en la habitación -con un traje de exorcista que le hacen deprisa y corriendo con ¡las cortinas del salón!-, Isabella le dice no sé qué,y se va para ella con la firme intención de hostiarla. Hecho un ogro. Vamos que la engancha del cuello y lo tienen que separar entre todos porque está a punto de ahogarla. Mira… el sabio y equilibrado experto. Que no la escuchen dice el tío. Pero el colmo de todo nos lo ofrece de nuevo nuestro doblaje castellano. En una escena Miguel llora muchísimo, y llora fatal por supuesto. Al que lo dobla parece que le resultaba imposible imitar a Bigote Arrocet y ponerse dramático al tiempo, así que decide prescindir del acentazo mejicano cutre y llora en perfecto español de Valladolid.

Es que de verdad, voy a tener que seguir otro método para analizar la película esta, porque no sé para dónde tirar. Creo que iré personaje por personaje mejor, en lugar de seguir el orden de los acontecimientos. A ver si así me aclaro entre tanto disparate. Y ya que estamos con Miguel sigo por ahí. Resulta que el hombre tenía guardadas una reliquias -que son un regalo de familia- por la misma razón que llevaba siempre el “bote de ungüento para llagas de posesa”, porque uno no sabe lo que se va a encontrar en el día cuando pone el pie fuera de la cama. Tampoco creáis que las reliquias estas son como el brazo incorrupto de Santa Teresa. Son unas figurillas y una crucecita ridícula hecha con dos palillos.

Ahí van las reliquias. Se las da al cura ¿verdad?. Pues no. Miguel debe de tener un pasado oscuro como trilero o mangante, porque poco después vemos que en realidad no se las había dado. Hizo el amago nada más y nos engañó a todos.

Jacob va a cagar, por eso corre tanto. Reliquias p’arriba reliquias p’abajo esto es un sindios que no hay por dónde cogerlo. Miguel, además de su pasado inconfesable, es más duro que el pedernal. Al tío le clavan una cruz de madera que acaba en estaca en toda la nuca, y al principio le duele pero enseguida se levanta él tan telendo. La escena que hemos visto antes, en la que da las dichosas reliquias por segunda vez, es inmediatamente posterior a la que pongo a continuación. Si no lo vemos, es imposible pensar que segundos antes Miguel ha sufrido un ataque brutal en la base de la médula espinal, capaz de dejar parapléjico a cualquier persona normal.

El trío de inútiles… que entran a la habitación como marines en Iraky a la primera de cambio se les escapa la posesa, que por cierto se supone estaba atada a la cama con unas cintuchas de raso. Lo raro es que no se escapara antes la verdad. Para terminar con Miguel, porque alguna vez hay que terminar, pondré una escena en la que se advierte con claridad el frío que debieron pasar durante el rodaje, como ya comenté antes. La vida de artista, que es muy dura. Están fumando a la puerta de los establos y les salen unas bocanadas de humo capaces de hacer saltar los detectores anti-incendio del edificio Chrysler.

Por si no queda claro, ahora viene una escena en la que el cura pretende irse de rositas y se lo impide “el que tirita”. Atención al escarchazo que tiene el coche del cura.

¡A la mierda su Vaticano! una frase a la altura de “Me he comido un conejo”. El hombre supuestamente sexy pasa media película empuñando la escopeta y amenazando con ella a la gente. Y eso que hace de tío enrollado y guay. Menos mal que a la hora de la verdad es un completo inútil y de buenas a primeras aparece con un pincho de hierro clavado en el pecho.

Las cosas en este largometraje pasan porque sí. Carecen de toda lógica. Suceden porque están escritas en el guión, pero ese mismo guión no sabe preparar al espectador para que acepte con naturalidad los hechos que cuenta. Uno de muchos ejemplos lo vemos en el extraño intento de suicidio de la tonta de la madre. A este personaje se refieren los protagonistas como “una mujer de bandera”, como que “es toda una mujer”. A su marido le recuerdan la enorme suerte que tiene por estar casado con semejante hembra. Parece que el guionista tenía en mente a Carmen Electra cuando escribió el papel.

Pero al final tuvieron que toparse con la cruda realidad. La mujer está seca como el mimbre, con una bocaza torcida hacia abajo que le da un aire de infinita tristeza perenne. Con el pelo quemado del tinte y mal peinada. Con algunos años más que todos los demás actores del reparto… pero eso sí, el gilipuertas del padre continuamente está sospechando que le pone los cuernos con todo el mundo. Y eso que deja entender en otra escena que ni siquiera está enamorado de ella. “El que tirita” le pregunta al final de una secuencia: “¿Pero la quieres?”. Y el padre se calla como una puta y aparta la mirada avergonzado al sentirse descubierto en su desamor. Con todo y con eso, en otro ejemplo de incongruencia supina, ya digo que está celoso del aire que respira la madre, siempre al borde de cometer una locura por esos celos. Hasta que al final la comete

Pero no me adelantaré. La madre intenta suicidarse porque la engaña su reflejo en el espejo del cuarto de baño, como si en lugar de estar poseída Isabella lo estuviera toda la casa, y… mejor lo vemos:

¡Hay que hacerle vomitar, hay que hacerle vomitar! Y se pone a buscar algo para no manchar el suelo, como si fuera más importante la alfombra que la vida de la pobre Blanche. Menos mal, eso sí, que casualmente había un cubo muy a mano puesto ahí por si acaso se ven en una tesitura parecida. Ya digo que las cosas pasan porque sí, sin lógica. Y después de hacerle vomitar, que casi la desnucan en el proceso, nadie dice de llevarla a un médico ni nada. Ella escupe un poquito de algo, y ya está. Solucionado. Se tomó un bote entero de somníferos que la dejan inconsciente.

Aún así debe de escuchar a lo lejos esas voces que le dicen: “vomita, vomita, venga mamá vomita”. Cuando abre los ojos, se ve con la cabeza metida en un cubo rosa y piensa: “¿Uh? esto es que tendré que vomitar ¿no? En el fondo, aparte de la desgracia que supone que tu hija pequeña quede poseída, la verdad es que esta familia tiene una suerte que no se la merece. Tienen un ex nuero o ex yerno -los parentescos se me cruzan- sacerdote. Tienen un empleado con experiencia en exorcismos y ¡con reliquias! Tienen un cubo a mano para los vómitos repentinos… El padre Jacob, que sabe que en esa casa tienen de todo, no se corta un pelo pidiendo.

Si, el padre Jacob estuvo liado con la hermana mayor de Isabella. También lo vemos en una escena como se enrolla con la hermana pequeña un día que casualmente entró en el baño y la chiquilla estaba duchándose. “Perdona, perdona Isabella, no sabía…”, “Tranquilo Jacob, no me importa”, se dicen. Repite lo de perdona 20 veces pero no dirás que se va del cuarto de baño. Se queda allí goliendo bien. En realidad el cura resulta ser un salidorro estilo Pozí pero en heterosexual. Ahí sí está conseguido el personaje, la verdad, que el celibato desquicia las mentes y así está el clero. Es lo único verosímil de la cinta, el cura obseso.

Esto queda muy claro cuando le pone las reliquias de Miguel a… bueno que todavía no lo he dicho. Resulta que al final la endemoniada de verdad no es Isabella, es ¡la hermana mayor! Un giro supuestamente inesperado y sin pies ni cabeza, pero… así es. Antes de ver la prueba definitiva de la líbido estratosférica del cura, vamos a ver la escena siguiente a cuando Isabella se escapa de los tres inútiles. Hay un momento de risa tipo Coyote-Correcaminos en donde se ve a la nena escondiéndose al fondo de la escena entre los árboles mientras la busca el de las tres chaquetas escopeta en mano. No la pongo porque tenía que seleccionar y lo más fácil hubiera sido colgar la peli entera. Ahí va la escena del establo con el agua bendita. Se supone que hay una tensión y un peligro enormes.

Los caballos miran al cura como diciendo “¿pero y este hombre que pijo hace?”. La manera en que destapa el frasquito de agua bendita es… super espectacular, no digáis que no le queda bien. Y lo rapidísimo que ata cabos ¿que?

-Di tu nombre bestia diabólica
-Aaaaaaggg… mi nombre es Perlocus
-¿Perlocus? Significa el que habla, el que habla por boca de otro.

E inmediatamente descubre el pastel: “Un demonio que habita en otro y habla por boca de otro”. Lo dice así, de carrerilla. Se nota que ha leído el guión de la peli, porque ni Ángela Landsbury en “Se ha escrito un crimen” tenía tal velocidad de deducción. Es oír la palabra “Perlocus” y al instante sale corriendo para coger a la hermana. Que podía haber sido el de las tres chaquetas, o Miguel, o el tonto del padre que ese sí es más malo que un demonio. Pero no. Oye “Perlocus” y ya lo sabe todo. Mecagüen la mar que cura más listo, joder. Y efectivamente era la hermana mayor. Ahora veremos como se le van las manos al pan al sacerdote, que no puede ya con el voto de castidad.

Esas eran las famosas reliquias de Miguel. La crucecilla y las figuras como de huevo Kinder. Y por supuesto se las pone en las tetas, ¿dónde mejor? Por cierto, dudo muchísimo que al obispo Jason Spadafore, el que se supone que revisó los ritos del exorcismo que aparecen en la peli, le enseñaran estas imágenes para dar su visto bueno. ¿Pero qué mierda de exorcismo es ese? Le da un besito en la boca sin lengua ni nada y ya está. Pero vamos a ver esto que es ¿La bella durmiente? Me imagino a Jason Spadafore viendo la escena y diciendo: “¡Oooooh qué bien lo habéis recreado todo muchachos! Está perfecto sí señor. Así se hacen los exorcismos. Lo de las reliquias en las tetas lo mismo podíamos cambiarlo… pero lo demás está clavao!

Antes comenté que el padre es el personaje más odioso que ví en la historia del cine. Puede ser una afirmación un poquito aventurada dado mi gusto por las películas horrendas; pero si acaso no es el primero, el segundo seguro que sí. Ya dije que está todo el rato maquinando, con un regomello espantoso porque piensa que todos desean a la escuálida de su mujer. Con una pesambre que tiene el hombre que no le deja vivir porque se imagina con más cuernos que Olvido Gara alias Alaska. En esta escena se consuma la tragedia a la que los celos le abocan.

Pues sí, se carga al pobre del veterinario que acababa de sobrevivir a otro percance que veréis después. Y justo después de matarlo se le ocurre mirar al parasol del coche en donde, en otra casualidad de esas increíbles de las muchas que hay en la cinta, había una nota que responde exactamente a todas sus dudas y que deja clarísimo que en realidad es un hijo de puta paranoico. Y ¿porqué no te da por mirar la nota antes de meterle el tirascazo al veterinario? que estaba el hombre medio dormido todavía del chute de Ketamina intracardíaco. Pero no adelantemos acontecimientos. Ya vemos que el padre termina suicidándose. El mejor final para un gilipollas de su categoría, sin duda. Y siguiendo el refrán que dice “tanta paz lleves como la que dejas”, nadie, NADIE se pregunta: “¿dónde está el papa?”. Dos muertos en un coche y ninguno se preocupa por ellos. Ni los personajes ni el director, que nunca más vuelve a nombrarlos ni a sacarlos en ninguna otra secuencia. Allí se quedan pudriéndose en el todo terreno. Al final todos felices, se besan, se abrazan, y los dos idiotas con la cabeza abierta dentro un coche. Eso se llama “resolver” con maestría una situación y/o personaje.

Pero conozcamos por fin a mi personaje preferido, el pobre veterinario que ya hemos visto el final tan malo que tiene.

Aquí lo vemos por primera vez. Atención al pedazo de jeringa del veterinario. Esa jeringa es para “El Exorcismo de Isabella” lo que el anillo único para la obra de Tolkien. Si es necesario dadle al play otra vez. Como se puede observar claramente, la jeringa no sólo está vacía. Es que el veterinario ni siquiera aprieta el émbolo. Roza al caballo un poquito con la aguja y ya está. Menos mal, porque no creo que le sentara muy bien un chute de aire intravenoso al animal. La misma inoperancia se verá más adelante. La jeringaca está ahí como de atrezzo. Es un adorno. Como si estuviéramos viendo una función de fin de curso interpretada por nenes de 9 a 10 años que hacen un paripé en lugar de actuar.

¿Qué decir? Primero que de nuevo vuelven las grandes frases: “Yo nunca he tenido problemas con adolescentes Joe, y eso incluye a mis hijas”. ¿Pero eso que mierda significa? Parece como si el padre se curara en salud ante una posible acusación por abuso de menores. Que vete a saber, con el pasado que tienen todos los personajes y lo subnormal que es, lo veo perfectamente posible. Y luego están las sabias palabras del veterinario: “Hace un tiempo vi a una psicóloga por tv…”. Aaaaah, muy bien. Un argumento aplastante, fiable al 100%, ¡Digo!, una psicóloga… que están todas y todos como cabras y por eso estudian psicología, para ver si de una puta vez se entienden ellos mismos -cielo santo, casi coincido con Tom Cruise y la cienciología… me lo tendré que mirar-. Y además una psicóloga por tv, que ya es el remate de la credibilidad. Y claro, con esa base tan rigurosa de partida, el veterinario llega a afirmar: “los chavales son como las mascotas, un poco de refuerzo positivo nunca les viene mal”. Acto seguido vemos a Isabella intentando estrangular a la madre, y pronunciando otra frase antológica: “Eres una puta zorra, eres una mierda”. Igual igual que las mascotas, sí. Tuve yo un hamster que me ponía verde todas las noches antes de acostarme, y si me descuidaba salía de la jaula para mordisquear mi yugular.

El veterinario debió conseguir el título en el C.C.C. llamando al 902 20 21 22 -la publicidad con musiquilla como se queda ¿eh?-. Por eso maneja tan mal las jeringas. Esta escena es de las más absurdas de la peli, que ya es decir visto lo visto. Pongo en antecedentes. Quieren tranqulizar a Isabella que está como loca estrangulando a la madre y diciendo palabrotas a diestro y siniestro. Y no se les ocurre nada mejor que ponerle un inyección de anestésico para caballos, con la misma jeringa y aguja -pedazo aguja capaz de atravesar el kevlar- que antes sirvió para pinchar al caballo. Sin desinfectar ni nada. Algo más propio de Peter Griffin que de un personaje real. Menos mal que son tan inútiles que no lo consiguen, porque si no tienen a una posesa con peste equina en la habitación.

Son taaaantas cosas en tan poco tiempo… Por comentar algunas, haré hincapié en la jeringa vacía que oculta el veterinario en la espalda cuando se acerca a Isabella. En la dosis disparatada de anestésico para caballos que le iba a meter a la chiquilla . Por cierto, podían haberle disuelto el anestésico en el Cola-Cao, que la ketamina se puede tomar por vía oral perfectamente. Reseñar de nuevo la torpeza de todos los que se acercan a la poseída. No valen ni para escuchar si llueve. Y luego la fantasía de que te claven semejante aguja en el corazón, que inyecten en el órgano medio litro de anestesia para animales, y que lo único que te sobrevenga sea un sopor profundo en lugar de una muerte instantánea. Porque se la clava hasta el fondo, la jeringa. Basta con ver la fuerza que tiene que hacer el padre para extraerla. Y cuando la retira, el veterinario ni sangra. No se ve ni una manchita en la ropa, que por supuesto ni siquiera se rompe. Nada. Perfecta.

Hay muchos fallos de racord seguidos. Sobre todo con el émbolo de la jeringa, que lo mismo aparece totalmente introducido que a medio sacar conforme cambia el plano de cámara. Y otra cosa que me flipa es que al veterinario lo dejan ahí tirado en un sillón, con medio cuerpo fuera teniendo al lado un sofá bien hermoso donde recostarlo. Al pobre lo tratan fatal. La gente entra al salón, lo ven con esa postura tan incómoda y ni siquiera preguntan “¿pero este hombre quién es y qué hace aquí… así? Lo ignoran por completo.

Claro que cuando le hacen caso, le vuelan la cabeza. Más le hubiera valido seguir durmiendo. Por cierto, otro diálogo memorable:

-Claire, ¿qué estás haciendo aquí?
-No estoy segura.

Basta por hoy. Para terminar pondré la última escena de la cinta, os recuerdo que el padre y el veterinario están muertos en el coche, pero ¿qué mas da?

Fin ¿Dónde irá con la otra en brazos? ¿Al monte a follar? A mí no se me ocurre otra cosa. Pero dejemos las preguntas que nunca tendrán respuesta, por fortuna. Os dejo con el trailer para demostrar que un trailer casi siempre suele ser una gran mentira. Hasta más ver.

Relacionado... de alguna manera:

3 Ocurrencias en “El Exorcismo de Isabella”

  1. Dolor dice:

    Hay pocas películas que haya visto más de cuatro o cinco veces -por voluntad propia, “Ghost” y “Dirty dancing” no cuentan- y con ésta me ocure que entiendo a los cinéfilos que en cada visionado de alguna maravilla le descubren algo nuevo; “El exorcismo de Isabella” va más allá porque con ojear escenas sueltas es suficiente, leyendo tu post -muy bueno, por cierto, no podría destacar algo en concreto sin multicitarte- me he dado cuenta de que aunque en la primera escena del veterinario el padre de Isabella se dirige a él como Doctor ¿MacCork? en lo sucesivo hablarán como si fueran amigos de toda la vida para que luego cuando vaya a “pinchar” a Isabella le hable como si no la hubiese visto desde que tenía cinco años: “¿Campanilla? ¿Recuerdas? Así te llamaba yo…”, por cierto que la escena previa a ésta es otra prueba de lo que tu llamas “tumbos” de los personajes: le dice al padre que no la puede sedar porque no es médico y acto seguido saca el jeringón diciendo “Es el momento de darle a vuestra hija un pinchacito” para después mover la lengua de una forma MUY EXTRAÑA… En fin, fan absoluta me declaro, para mí es EL BODRIO, hay tal cúmulo de barbaridades juntas que sólo puedes creer que se ha hecho a posta y con la paciencia y entrega de un artesano. Vamos, que juntas a Vargas Llosa, Cervantes, Capote, Shakespeare y los creadores de “The Wire” y les pides por favor que la superen -incluso igualen- y no pueden, me juego lo que sea, vamos.
    Perdón por el comentario tan largo, pero es que no tengo blog, no tengo trabajo, no tengo dinero…

    • Grushenko dice:

      De perdón nada, que para un comentario largo que me ponen no voy a quejarme. Al contrario. Muchas gracias. Me he reído mucho con lo de “Vargas Llosa, Cervantes, Capote, Shakespeare y los creadores de “The Wire”. Te faltó Delibes.

  2. FeR dice:

    Yo creo que en la peli metieron hasta las tomas falsas y que después de la grabación se montaron una orgía que seguro estaba mejor rodada.
    – Dame tu jeringuilla Miguel!
    – Es un jeringón Isabella!
    – Isabel! Isabel! Dónde vas?
    – A comerme un conejo!
    – A tomar por culo el Vaticano!

    Al fondo en el bar

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